Cuando el título pasa a segundo plano
“En nombre de la República del Ecuador y por autoridad que demanda la Ley, lo declaro Abogado de los Tribunales Constitucionales del Ecuador. Exigiendo que su investidura como tal sea reconocida y respetada. Tributándose los honores del caso en todos los tribunales de justicia del país”, indica una copia de Jorge Orrala Mendieta, hombre de la serranía que guarda una copia de aquel pergamino –que años atrás le fuera entregado- en una billetera café y que está arrugada y descolorida por el trato recibido.
A José lo encontré atrás del Coliseo Romano, hasta donde lleva una maleta- todos los sábados y domingo – llenos de birra (cerveza) y que las vende cuando se reúnen los ecuatorianos.
“En Ecuador tenía mi oficina, en Quito. Una atenta secretaría realizaba mis trámites sin ningún problema, ya que era muy reconocido y respetado allá. Pero las cosas se pusieron complicadas y difíciles, y en una buena noche reuní un capital y me vine acá. Pero las cosas no han salido como esperaba y hace cinco meses que no consigo trabajo. Estuve laborando en una fábrica, pero me cancelaron porque un italiano iba a ocupar mi lugar. Desde ahí no he conseguido nada. Por suerte, me estoy ayudando con estas cervezas que vendo los fines de semana”, indica con los ojos húmedos, pero sin lágrimas, ya que las últimas que tenía se le acabaron hace cinco meses cuando habló por última vez con su hija y ahora no lo puede hacer, porque no tiene dinero para llamar a Ecuador.
Así como este abogado, varios profesionales han tenido que dejar lo suyo para buscar mejores ingresos, una mejor vida, pero lamentablemente la realidad es otra.
Todos los emigrantes esperan los domingos para relajarse. Desestresarse. Conjugar el amor al prójimo. A lo suyo. En Ecuador, salir un domingo –en ciertas ocasiones- se vuelve un sacrilegio y, entre bromas, señalas que aquel día es para las empleadas o, como vulgarmente se les dice, “peroles”.
Pero acá, aquello no funciona. Desde muy temprano casi todos buscan las iglesias. Allí hacen un fondo común, cocinan, celebran los cumpleaños, juegan pelota, almuerzan, bailan, toman cerveza –moderadamente- y aprovechan hasta la última luz que la madre naturaleza brinda. Poquísimos van de compra. Yo diría nadie.
Los parques forman parte de esta aventura. Los ecuatorianos se hermanan y tratan de convivir sanamente. Los que tienen su trabajo cuentan lo suyo y se muestran más tranquilos. Los que no, tratan de que alguien los recomiende y pedirle a los conocidos “una ayudita”. Unos prometen. Otros también. Pero nadie se va sin dar alguna esperanza. Así transcurre el único día de asueto, ya que el sábado es medio tiempo y lo utilizan para arreglar el departamento o lavar sus pertenencias. Parece cuento pero nadie quiere perderse ese día. Un domingo. Sí, un domingo de gloria para todos los emigrantes.
Después del parque, los emigrantes –entiéndase ecuatorianos- no desmayan en sacar provecho al domingo. Aquel domingo que no vendrá, sino después de una semana fuerte. Llena de atropello y bajas pasiones.
Es por eso que acudí a una de las tantas discotecas que existen en Roma y que atienden los domingos. La entrada con derecho a dos cervezas, tiene un valor de 10 euros
Aquella disco poseía un ambiente único. Una pista increíble. La música era contagiosa y una simpática chica, con un diminuto traje que dejaba apreciar todos sus encantos, animaba la noche. Más de uno se sometía al donaire de la agraciada muchacha cuyos movimientos eran endemoniados, cautivadores, libidinosos, los cuales permitían hacer volar la imaginación.
De repente, para hacer el ambiente agradable y que los presentes entren en confianza, la chica con su cálida voz le pide que alcen los brazos.
-Los colombianos presentes, ¿dónde están?, dice. Y unos diez celebran el pedido.
Nuevamente hace la pregunta: los hermanos peruanos, ¿dónde están? Al igual que los colombianos, se hacen presente en un número no mayor de 20.
La pregunta de rigor no se hace esperar: ¿Dónde están los ECUATORIANOS? Cerca del 70 por ciento de los presentes celebran el pedido y dicen: ¡Aquí estamos, presentes!
¡Qué bestia!, exclame. Sin embargo, que emoción la mía.
La gran mayoría son ecuatorianos que han emigrado a esa parte de Europa por un futuro mejor.
martes, 30 de diciembre de 2008
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