lunes, 5 de enero de 2009

Las iglesias y los affitos

Aprender italiano y el ‘Once’
Una de las principales reglas es hablar el idioma italiano. De lo contrario no consigues absolutamente nada. Es por eso que los emigrantes acuden a las iglesias en busca de ayuda, en especial, para aprender italiano.
En Roma y en toda Italia, las iglesias, los lunes, miércoles y viernes, dictan clases con el afán de que los emigrantes se instruyan y puedan “defenderse”. Preparatorio, primer nivel y segundo nivel debes aprobar para de esa manera intentar hacer lo tuyo. El aprendizaje es sencillo, y por capítulos logras decir frases sin ningún problema.
Después de las clases entregan un tique para cenar. En un comedor pequeño, las personas van pasando una por una. En la mesa te aguarda una suculenta pasta –término medio-, un enorme pan curado por el tiempo y un vaso con agua.
Todos comen, lamen los platos. Nadie deja nada. Ahí van los que tienen o no trabajo.

Once… Once… Palabra típica en nuestro querido Guayaquil. Aquella sirve para alertar a los vendedores ambulantes que se apuestan en las calles. Once … Once… avisa que están cerca los Municipales y que tienen que cuidarse para no dejarse llevar o ser multados. En Europa, aquella palabra es utilizada por los ecuatorianos que se ponen “once” cuando sube el famoso y nada querido “billetero”.
El “billetero” es el personaje desagradable para los emigrantes. Él tiene la misión de controlar si el pasajero ha marcado su “billete” al utilizar el bus, metro o trinino –tren pequeño-.
Cada persona tiene la obligación de marcar su tique, pero muchos no lo hacen. Entonces, de un momento a otro, y medio camuflados, aparecen los billeteros que solicitan el boleto marcado. Si no lo tienes, fácilmente uno se gana la multa de 100 euros (150 dólares). El día sigue ‘caminando’ y los emigrantes haciendo lo mismo. Su viveza criolla la mantienen.

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