lunes, 24 de noviembre de 2008

´Maravilla´Tenorio y su repertorio futbolístico

Su juego fue elegante, exquisito. Muchos decían que jugaba para la tribuna o para que lo aplaudan. Pero no era así. Su fútbol siempre fue así. Era como lleva la pelota amarrada a sus botines. O en otras palabras hacía ´maravilla´ con la número cinco.
Definitivamente estas líneas pertenecen a Mario Segundo Tenorio Lanzaduri o más conocido como ´Maravilla´ Tenorio.
Para los aficionados que tuvieron la suerte de observarlo en el terreno de juego pueden dar fe del nivel que poseía Tenorio para enfrentar al rival.
Lo driblaba, burlaba, lo amagaba. Al adversario lo llevaba y lo traía. Lo hacía pasar de largo, lo silbaba. Era como si jugaba con la pelota amarrada a sus zapatos. Y como para variar con una cintura para ´bailar´ al mejor defensa pintado del país.
´Maravilla´ y como para no romper el molde es de Esmeraldas. De la gallada que rodeaba al estadio Folker Anderson y que lo denominaban ´ barrio Caliente´. Ese calor que sirvió para crecer y que estaba rodeado fue más que suficiente para que sintiera en carne propia la atracción por la pelota.
Pero lamentablemente tuvo que cambiar de aires e irse a vivir a Puerto Bahía, El Oro, con su madre Susana Landazuri para buscar un mejor provenir. Y vaya que no se equivocó.
Los machaleños quedaron como ´locos´ cuando vieron al moreno de contextura delgada, educadito y con harto hilo en el carrete. Lo llamaron a filas de Audaz Octubrino y ahí empezó su despegue como futbolistas.
Eran sus años mozos y ya lo vivía con plenitud. Con ganas y sentimientos. “Fueron mis inicios en el fútbol. Luis Avila me ayudó a crecer y me dio la suficiente confianza para salir adelante. Gané confianza y poco a poco me fui ganando mi espacio”, señala Tenorio.
El ex delantero canario dice que su paso por el Audaz fue gravitante para seguir su fútbol en Deportivo Cuenca. El elenco de las ´Camisetas Coloradas´ dio su visto bueno y se lo llevaron a sus filas.
“Me trataron muy bien en Cuenca. Gente responsable, grandes jugadores y una afición que te apoyaba para que salga ganador. Ese paso que di fue importante ya que me permitió llegar a Barcelona que era uno de mis metas”, dice con nostalgia.
Lo de ´Maravilla´ dice que no sabe quien se lo puso y por qué. Pero argumenta que puede ser por el desborde que poseía en la cancha. “Tuve la suerte de tener un juego que ya no es muy apreciado en el fútbol. El de driblar. Eso les gustaba a los aficionados y me aplaudían. Decían que era una maravilla lo que hacía en el campo. Y me imagino porque ahí viene todo”.
En cuanto a los partidos donde mostró todo su nivel y que más le gustó fue ante El Nacional en Quito donde ganamos 3-2 (1985). “No me acuerdo el año pero ese partido lo perdíamos 2-0. Luego tomamos una remontada y lo ganamos con una actuación destacada de Wilson Nieves y todo el plantel”, dice.
Con los clásicos dice recordar todos pero uno que aún guarda en su mente es aquel 26 de agosto de 1984. “Aquel partido lo pitó el difunto Elías Jácome. Fue bello por la dinámica del juego y las alternativas del marcador. Barcelona jugó con Walter Guerrero; Flavio Perlaza, Jimmy Montanero, Tulio Quintero y Merchán; Galo Vásquez y Raymundinho; Mario Tenorio, Paulo César y Lupo Quiñónez. Emelec creo que lo hizo con Israel Rodríguez; Pedro Batallas, Cáceres, Jorge Valdez y Morán; Kléber Fajardo, Páez y Tejeda; Jimmy Quinteros, Jesús Cárdenas y Paredes. Cárdenas hizo el primer gol y Raymundinho empató al andar. Apenas iniciado el segundo tiempo Quinteros anotó para Emelec y tres minutos después empató Perlaza. Faltaban siete minutos cuando Lupo aseguró el 3 a 2 a favor de Barcelona. El triunfo estaba asegurado hasta cuando el diablo metió la cola porque a los 82 minutos Oswaldo Páez puso otro empate y en el minuto 90, cuando Jácome se preparaba para pitar el final, Jesús Cárdenas hizo el gol de la victoria para Emelec en uno de los encuentros más emotivos que se recuerden”, afirma con una secuencia de datos única.
Tenorio también fue un prospero comerciante. Abrió una salsoteca llamada La Maravilla, en Sauces 8, al norte de la ciudad pero actualmente la misma se encuentra se litigio ya que se esta divorciando de su esposa (Nancy Quiñónez). “Eso fue hace años. Allí llegan a bailar los prietos de buen ritmo. Pisar ‘La Maravilla’ después de las 23:00 es una experiencia para los sentidos. Además de escuchar buena música, el espectáculo de las parejas afroecuatorianas y colombianas cautiva”, cuenta con nostalgia para rematar y señalar: “La salsa solo dejaría de latir aquí, si las olas del mar se tragasen a esta ciudad”…
De vuelta al fútbol Tenorio es de la época de Perlaza, Pereira,, Bardales, Pepe Paes
Fausto Klínger, Epanhor, Vásquez, Alcides, José Tenorio, Madruñero, Manga, Perlaza, , Ney, Nieves, Alberto Andrade entre otras piezas fundamentales fundamentales que hicieron grande a Barcelona.
Mario Segundo Tenorio Landazuri (Esmeraldas, 21 agosto 1957) estuvo en la finalísima ante ante Técnico Universitario en Machala. Él dio el pase gol para que con un sello único la chilena espectacular de Víctor Epanhor se abriera el camino al título.
También defendió la Selección Nacional Filanbanco y terminó retirándose en Audaz Ocubrino, el equipo que lo catapultó para la gloria.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Jorge Raffo, cazador de talentos

Para Jorge Raffo, Director Deportivo del CEFAR (Centro de Entrenamiento para Futbolistas de Alto Rendimiento), el nivel de los jugadores que ha enviado la Academia Alfaro Moreno a la institución que él dirige, ha sido muy bueno, lo que demuestra el trabajo responsable que se realiza en nuestra organización.
El ex Boca Juniors estuvo supervisando en días pasados el trabajo que realiza la Academia en el país, llevándose una gratísima impresión acerca de la evolución que ha tenido la formación de jugadores en las divisiones inferiores.
“Hay una evolución muy importante y esto me pone feliz, esta da un gran renombre al CEFAR en este país. Hay muchos éxitos en esta alianza”, dijo Raffo.
El ex volante habló sobre el convenio que tiene el CEFAR con la Academia Alfaro Moreno. “Esta es una alianza estratégica, la que ha potenciado a la escuela de acá y a su vez nos da la facilidad para observar a los mejores jugadores para que tengan la oportunidad de hacer sus pasantías en el CEFAR y así los podamos ver en acción. En cuanto a lo hecho en Quito y Guayaquil, por mi parte solo se merecen palabras de reconocimiento en cuanto al desarrollo, es un gran equipo de trabajo”, destacó el directivo.
Para Raffo, al momento de emprender un ambicioso proyecto futbolístico, la infraestructura es un punto muy importante y según las palabras del técnico, la Academia brinda las mejores condiciones para un trabajo serio y responsable.
“Me tocó ver distintos lugares y Alejandro tiene una gran infraestructura, eso es importante para que todo salga bien. Hay cosas para corregir y mejorar, pero en términos generales, Carlos tiene una gran infraestructura en su Academia”, dijo.
El entrenador destacó que hay cinco pasos importantes e imprescindibles al momento de trabajar con divisiones.
“Cuando se trabaja en algo, es necesario hacer un trabajo previo con puntos estratégicos y en el caso de las divisiones inferiores estos pasos son infraestructura, logística, organización, metodología y la capacidad de promoción de jugadores. Es un gran desafío el crear un espacio donde los chicos jueguen igual, donde todos puedan mostrar sus habilidades y puedan surgir como futbolistas”, expresó.
Aunque dijo que las comparaciones no son de su agrado, Raffo tuvo palabras para la evolución de las formativas en Argentina y de cómo se llevan actualmente en Ecuador.
“En Argentina tenemos mayor cantidad de años en ver jugadores, pero en Ecuador a partir de la década del noventa, Ecuador se convirtió en una gran cuna, este no es el proceso final, es solo un gran avance”, manifestó.
Raffo aseveró que este proceso ha llevado a que varios de los jugadores nacionales estén mostrando su fútbol en otros países, tal es el caso de Cristian Noboa, quien se proclamó campeón en el fútbol ruso.
“El que estén jugando en el exterior, eso es resultado de un proceso de muchos años. Ustedes han sacado verdaderos jugadores de gran calidad, los cuales se adaptan rápidamente a las exigencias de los estándares internacionales y eso es bueno”.
Raffo se refirió acerca de lo difícil de encontrar ‘talentos’, ya que no basta solo con tener grandes cualidades futbolísticas, sino que los jugadores deben de cumplir con varios requisitos para triunfar en el fútbol.
“Es muy difícil encontrar talentos, se pueden encontrar jugadores, pero para llegar a Argentina no basta con ese proceso, los jugadores deben de seguir un proceso de perfeccionamiento, hay que ver imperfecciones, corregir la táctica, hay que desarrollar la inteligencia, hay que seguir con un entrenamiento invisible, con la humildad”.
En cuanto a jugadores talentosos que han conjuntado estas características, Raffo destacó a Lionel Messi.
“En realidad hablar de Messi es hablar de un talento imprevisto, los jugadores como Messi aparecen muy poco. Messi tiene todo en perfecta comunión y eso es raro en un jugador”.
En cuanto al tema, Raffo continuó destacando las características que debe tener un futbolista si quiere llegar a ser de alto rendimiento.
“Hay cinco características para un jugador que quiera llegar lejos. Los muchachos deben tener calidad, mentalización, velocidad, inteligencia y estar bien dotados técnicamente, solo así podrán triunfar”.
El ex internacional argentino, que tuvo un paso por el fútbol europeo, resaltó que un jugador que posea estas características muchas veces se queda a medio camino debido a la falta de apoyo.
“A los 17 años los chicos se profesionalizan o dejan de jugar. Es penoso ver cuando un chico tiene condiciones y deja de jugar porque debe trabajar o sus padres simplemente no quieren que sea futbolista. He visto a grandes jugadores retirarse sin saber lo que podían hacer en esta hermosa profesión”.
Raffo señala: "Buscamos el modelo de cantera del Barcelona, en cuanto a organización, infraestructura y estilo de juego". Por eso "estuve allí para copiar la metodología", agrega. Y sigue: "Lo más importante para el Barcelona es el desarrollo de un proyecto de Argentina para Argentina. La intención es demostrar el nivel que se puede conseguir a través de la unión del talento de los jugadores argentinos y de la metodología que ellos tienen. Y hay que aclarar que el primer paso es aportar jugadores para nuestro país y después abrirnos como lo estamos haciendo con Ecuador en la Academia de Alejandro".
Es decir que la idea es que un jugador complete las inferiores en cualquier equipo de acá, para luego sí probar suerte en Europa. Otro parámetro importante será desarrollar talentos que puedan incorporarse a la Sub15 ó Sub 17, y que allí demuestren que están preparados para el nivel del Barsa. "No nos ponemos como objetivo encontrar a otro Messi, aunque ¡ojalá así fuera! En realidad pretendemos sacar jugadores importantes", dice Coqui.
Según lo expresado por Raffo, los chicos de la Academia que viajaron a Argentina para integrar el CEFAR por pocos días, dejaron una muy buena impresión con sus habilidades futbolísticas. Abel Casquete, John Rodríguez y Joel Soto dejaron impresionados a los profesores del CEFAR.
“Casquete ha mostrado un nivel muy superior. Él estaba por encima del nivel de muchos chicos, asimismo Soto. La gente de Barcelona los está observando y de seguro en algún tiempo estos chicos darán mucho de qué hablar”.
El director del CEFAR tuvo un consejo para Soto luego de su instrucción en Argentina.
“Soto tiene gran definición, tiene que jugar más en equipo, pero tiene gran técnica. Él de seguro llegará al profesionalismo y será un gran jugador”.
En cuanto a Rodríguez, Raffo expresó que “este chico es un gran goleador, si bien es cierto que no estuvo al nivel de Casquete y Soto, pero está a nivel de los jugadores que tenemos en Argentina y eso ya es bastante”.
Raffo indicó que Soto y Casquete regresarán a Argentina en estos días para intervenir en un importante torneo.
“Seguramente en noviembre lo tendremos en Argentina, ojala pueda participar en el torneo muy importante que tenemos allá”.
Para Raffo, Ecuador es una gran cantera de jugadores, la cual no se ha explotado en su totalidad. “El fútbol ecuatoriano puede sacar a grandes jugadores, hoy veo que los jugadores evolucionan bien, los torneos interbarriales mejoran año a año, a mí me da la sensación que todo avanza, el proceso de evolución avanza mucho, los chicos deben entrar en procesos metodológicos”.
En cuanto al trabajo en divisiones inferiores por parte de los clubes, Raffo destacó lo realizado por Liga de Quito y El Nacional.
“No todas las instituciones trabajan de la forma como la hacemos en Argentina o como la hace Alejandro acá. (Edgardo) Bauza y (Jorge) Célico lo hacen en sus clubes, esperemos que la gente de Barcelona se vaya acomodando en este proceso, para que en las inferiores hay mayor competitividad”.
Raffo, que en su época de jugar fue un zurdo, elegante, con una buena pegada y un buen cabezazo y que aprendió mucho de los centros futbolísticos franceses cuando estuvo de paso por allá, considera que en su etapa de entrenador le va mejor.
“Soy mejor entrenador que jugador. Si bien jugué 15 años, los jugadores tenemos límites. Por ahí Alejandro estuvo entre los mejores del fútbol argentino”, destacó.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Un gordo bueno

Eduardo “El gordo” De María siempre jugó al filo del reglamento. Díscolo como ninguno pero luchador y ganador por excelencia. Bastaba con soplarle la oreja para que explotara en el campo de juego y sea expulsado sin mayor excusa. El equipo que lo contrataba sabía que el uruguayo cuando no le salían las cosas iba a parar a los camerinos. Incluso tiene un récord de tarjetas rojas en una temporada y que decir durante sus años en el balompié ecuatoriano.
Como jugador fue un exquisito con la número cinco bajo sus botines. Con una cintura endiablada. Peleador. En otras palabras, buena pelota.
Su entrega era total. El equipo que se lo llevaba sabía que iban a bravear la temporada o ser protagonistas como mínimo.
Llegó a Ecuador en 1969 para Deportivo Quito pero como el cupo de extranjero estaba lleno fue transferido a Patria donde jugó una temporada con un rendimiento aceptado para el medio. Su juego convenció y es por eso que lo llevaron nuevamente para la Capital donde recaló en el América. Ahí se cansó de ganar con los “cebollitas” logrando dos viceampeonatos a nivel nacional
En 1972 Eduardo Spandre no dudó de su juego y lo llevó a Emelec donde inició a ganar fama e idolatría.
De María nació en Uruguay y se inició en Peñarol donde conoció los secretos de la redonda. “Peñarol me prestó y seguí el curso que me dio la vida. Jugué un año en Colombia, Manizales donde fui elegido el mejor volante del país con 14 goles pero mis mejores años lo hice aquí donde llevó más de 40 años viviendo en esta hermosa tierra que me acogió como uno más”.
“El gordo” –así lo llaman desde pequeño por su contextura, el mismo lo confiesa-, dice ser amig del amigo pero no creer que haya sido un loco o un demente como en ocasiones lo tildaron. “Era normal lo mío. Si tu estás trabajando esa grabadora y te quiero robar te vas a enojar porque es la máquina de tu trabajo y para mi era lo mismo. Me robaban un partido y yo quería matar a todo el mundo. Me gustaba ganarme mi dinero lo poco que nos pagaban me gustaba ganármelo bien y que nadie meta mano y eso lo sabía todo el mundo. No me gustaba perder”, cuenta.
Eduardo cuenta que cada cotejo era una anécdota y que tiene muchas. Por ejemplo cuando le dio un patazo a Elías Jacóme (+). “Jugaba para Universidad Católica y chocábamos contra El Nacional. Suspendieron a Villafuerte por un año porque le había pegado un patazo a Elías. Jácome le echó la culpa a Villafuerte y el que le pegó el patazo a Villafuerte fui yo. Elías se quedó con la pica. En el l partido siguiente Católica enfrentó a Liga de Quito y al entrar al túnel y me estaba esperando Elías Jácome y me sacó amarilla en el túnel y me dijo que en la primera jugada que haga me expulsaba y dicho y hecho. En una pelota divida con Polo Carrera el dice que le pegue a Carrera y me votó por al equivocación que había tenido en el partido anteriormente”, cuenta con jocosidad.
En cuanto a los compañeros de equipo dice tener gratos como Fernández, Atahulfo Valencia, Echeverría, Lazo, Pérez, Páez, Miloño Aguirre, Rolón, “Ñato” García, Echeverría, Píriz, Ortiz, Bayona, Lambert, Guime , Tenorio, Camacho, entre otros pero que siempre recuerda a “Félix Laso por qué fue el mejor nueve que observé en la historia de Ecuador”.
Cuando se habla de los Clásicos dice que tiene uno especial con Bosco Mendoza, médico del ídolo hasta le fecha. “Antes del partido estando en la concentración me intoxico y me llevan al dispensario de la clínica Guayaquil. Allá me atiende Bosco y me mete un suero recuperándome totalmente. Retorno a la concentración y jugué. Le hice dos goles a Barcelona y ganamos el partido gracias a Bosco”, dice expresando una gran sonrisa y satisfacción.
Eduardo De María señala que en su época el fútbol era más artístico, más romántico, hermoso a la vista gracias a los talentos que existían en esos momentos. “No creías que habían jugadores que estaban en equipo chico pero eran extraordinarios como Rogger Cajas, Bolívar Rangel, Anderson Hurtado jugadores que estaban en equipos pequeños pero no jugaban en equipos grandes y no eran aprovechados”.
Dice sentirse bien en Ecuador donde lleva 40 años viviendo. Nunca se nacionalizó aunque Ernesto Guerra se lo pidió para defender a la tricolor pero no hizo ya que tiene su propio concepto. “Sigo siendo uruguayo hasta el día que me muera. Es difícil cambiar como hacen los jugadores ahora de la noche a la mañana se hacen ecuatorianos y listo. Y dicen que aman a la camiseta y eso es mentira es solo por asunto económico. Revisen los extranjeros que se han nacionalizado y por donde andan. Ya no están por el país. Agarraron plata, se fueron y emigraron. A mi me enseñó una cosa muy grande Spencer (siempre lo quisieron nacionalizar y no lo hizo). Me decía que uno tiene que estar con su país hasta el día que se muera. Y así estoy yo. Ecuador es todo para mí. Están mis hijos, mi nietos, vivo acá 40 años entonces te podrás imaginar que Ecuador para mi es todo. Y cuando me muera tendrán que hacer un huequito acá y enterrarme a pesar de que tengo uno en Salinas, en mi local”.
De María siempre fue frontal. De esos personajes que no se callan nada y dicen las cosas de frente. Por eso que fue sancionado de por vida en el fútbol ecuatoriano. “Acá estamos engañados con una sarta de técnicos extranjeros y no son nadie en su medio Pero como hablan bien y son bonitos le dan todas las posibilidades y son técnicos de la gran madre. Pero ignoran que acá hay gente ecuatoriana, capaz. Marginaron gente como Eduardo Macias, al profesor Yagual denigrándolos como hombres, como seres humanos. Estos sinvergüenzas hasta eso hicieron para involucrar a extranjeros y marginar a ecuatorianos. Otro de los perjudicados es Carlos Cuvi, Alfredo Encalada, Fausto Carrera técnicos que tienen capacidad y no le dieron oportunidad. Los argentinos y colombianos invadieron y antes uruguayos que llegaron destruyeron al técnico ecuatoriano”, argumenta.
De María actualmente tiene su negocio en Salinas. Una parrillada que va viento en popa. De su salud prefiere no hablar ya que está delicado y en contados días será operado de una hernia que lo tiene atormentado. De los sinsabores insiste tener un montón como cuando lo trataron de involucrar como ladrón de carros, asaltante, traficante, coyotero, arreglador de partidos. “Por suerte ningún ser humano me pudo señalar. La lacra era yo porque le decía las cosas en la cara. Acá no le gusta a la gente que le digas las cosas en la cara. Yo los insultaba no me importaba si son poderosos o no”, sentencia.
Si algún día parte del terrenal mundo la única lo único que quedaría pendiente es que no fue técnico de Emelec o Liga de Portoviejo. Del resto, todo lo ha vivido a plenitud.

viernes, 7 de noviembre de 2008

El chupón del fútbol

Recién había cumplido 15 años y le dieron la orden de enfundarse el uniforme amarillo y que se encaminara por el túnel del estadio Olímpico Atahualpa ya que sería titular en Barcelona ante Liga de Quito.
La pantalonera le quedaba gigante y tocaba con la rodilla. La camiseta de igual forma. El número en el dorso se escondía ya que se había metido la remera por dentro. Los polines le llegaban hasta los muslos.
Todo aquello no importó por qué era su debut. Así lo ordenaba el técnico de Barcelona –que en paz descanse- Otto Vieira.
Y saltó el conjunto torero al gramado. Todos pensaban que se trataba de la mascota del equipo pero no fue así. Era Juan Madruñero Montoya que jugaba su primer partido oficial allá en la década de los 70.
El celador del conjunto albo y mejor lateral, en ese momento del país, Ramiro Tobar, se burló de quien tenía que custodiar. Pero sorpresa para él y tranquilidad para Madruñero éste le dio un baile y pese a que perdieron 0-1 a partir de ahí se ganó la titularidad en el conjunto catalán.
Aquel cotejo determinó que el jovencito de cara de niño ocupara los espacios en los diferentes medios de comunicación por su entereza y hombría para jugar un partido de primera categoría.
Con ese fresco recuerdo el “Baby” o “Chupón” Madruñero comienza a describir su paso por la número cinco. La misma que está preñada de gratos recuerdos. Es que fueron 20 años de puro fútbol. 19 con la blusa torera y una con Liga de Portoviejo. Aquel trajinar le otorgó 6 títulos y dos vicecampeonatos con Barcelona.
A nivel de selecciones el cantar fue otro. Por que su jerarquía siempre salía a relucir. Eliminatorias, Copa América y amistosos con el equipo de todos también forma parte de sus recuerdos.
Pero cuando se trata de encaminar la inquietud de cuánto le dejó el fútbol sin inmutarse cuenta que “un millón” pero un millón de amigos ya que de dinero absolutamente nada. “Antes no se ganaba como ahora. Más era por amor por la camiseta. El fútbol lo único que me dejó es un millón de amigos que por suerte son excelentes”, cuenta Juanito –como también lo llaman cariñosamente.

Juan Madruñero es guayaquileño de cepa. De esos que no le gusta el perfume sino la colonia ya que lo hace sentir más varonil. Sigue viviendo por Sedalana y la que cruza. Ahí tiene su gente, su familia, sus hijos y dice sentirse feliz.

Ratifica que el fútbol era "mil veces mejor que el de ahora ya que antes se sudaba la camiseta. Ahora si no hay los verdes no quieren ni entrenar”, dice con soltura. Mientras posa con las manos en la cintura como si le vayan a tomar una grafica como en sus viejos tiempos.

Dice que si jugaba en esta época estuviera millonario. “El sueldo de antes era para vivir nada más. No había lujos ni carros ni casa. Solo para lo necesario. Por eso digo que es imposible de comparar el ayer tanto en lo futbolístico como en lo económico”.

Por eso prefiere hablar de fútbol. Del buen trato con la pelota. De los compañeros de equipo. De los Clásicos. Si de los Clásicos. De esos que se rompían por ganar. “Hubo uno que me marcó para siempre. Perdíamos con Emelec 0-1. Faltaban 20 minutos para que termine el cotejo y me envían al campo de juego. Hice el pase para el primer gol y el segundo lo convertí yo. Entonces era para volverse loco. Ese recuerdo lo tengo presente y es como nunca se haya terminado”, afirma.

Juan sigue contando con la misma estatura de su debut. 1 metro 50. Eso sí, con más peso por el pasar de los años. Pero con la misma sonrisa de siempre para charlar de su juego.

Actualmente cuenta con 55 años a cuesta. Es coordinador de las divisiones menores en Barcelona. Y tiene un negocio propio que controla en su vieja y achacada camioneta blanca. Posee dos teléfonos celulares. Uno es plan y el otro lo activa cuando le pagan la quincena. “Ante no existía estos aparatos pero ahora son necesario”, dice haciendo un alto a la entrevista ya que lo solicitan desde las canchas que el supervisa.


De los compañeros de equipo dice tener un montón y que le daría una pena no nombrarlos por temor a que se vaya a resentir pero entre ellos se encuentran Miguel Ángel Coronel, Víctor Peláez, Luciano Macías, Walter Cárdenas, Vicente Recaro, Washington Muñoz, entre otros, con quien compartió grandes tardes de gloria. “Fueron grandes compañeros, buenos amigos y muy colaboradores dentro y fuera de la cancha”.

Cuando se le habla del técnico que le dio todos sus conocimientos sin dudarlo y con la frente en alto dice Otto Vieira. “Fue el mejor técnico que tuve en mi vida. El me hizo debutar, me enseñó todos los secretos del fútbol y le digo la verdad: fue como mi padre –dice mientras sus ojos se nublan como si quisieran brotar lágrimas-“

A Juan no le disgustaba lo de los apodos. Igual le parecía cariñoso que le digan chupón, enanito, baby, nene. Con su primer sueldo recuerda quele compró unos zapatos a su mamá. “Fue el mejor día de mi vida ver a mi vieja sonreír por el regalo. Ella lo quería y se lo pude comprar”, asegura.

En cuanto al porte dice que nunca le causó problema a pesar de que siempre intentaron aprovecharse de aquello. “Pero yo los burlaba. En otras palabras lo baila y eso que siempre tuve rivales de jerarquía y de talla pero nunca me achiqué”.

Incluso se dio el lujo de conformar una delantera de lujo Alberto Spencer, Pedro León y Manuel Bazurco y Juan Madruñero. Es decir: Cabeza Mágica, Perico, El Cura y Baby una delantera que hizo temblar a propios y extraños.

Luego llegó el retiro. No como el que esperaba pero si en el momento oportuno. Es decir dejó el fútbol antes de que el fútbol lo deje a él.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Arquero por convicción, abogado por profesión

De pequeño jugaba y soñaba con ser bombero, policía, abogado, doctor, piloto de avión, y como era de esperarse futbolista. Su ilusión era tan grande que también quería ayudar a su familia. Una familia que tuvo que pasar muchos sinsabores para sobresalir. 11 hermanos (cinco mujeres) más papá Segundo Valencia y mamá Juana Corozo marcaron su numeroso clan.
La necesidad se sentía como tal. No había para la ´papa´ como le llaman en el barrio y cuando le tocaba movilizarse lo hacía en la buseta que pasaba por su casa. Allá en el populoso barrio Cristo del Consuelo. Hablando de vivienda la misma no poseía los recursos necesarios para estar cómodos.
Es por eso que no descansó y trabajó para labrarse su destino. Un destino lleno de satisfacciones, pero antes debió esforzarse día a día.
Cuando era joven, y antes de meterse de lleno al fútbol, laboraba en todo con tal de tener sus propios ingresos, ya que no le gustaba depender de nadie.
Mientras transcurría el tiempo fue tomándole cariño a la ‘redonda’. Era su desayuno, almuerzo y merienda. Un vicio, como él cataloga, sano. De esos que no te llevan al vicio de la calle.
En cuanto a la inclinación como golero, dice que siempre la sintió y estar entre los tres palos era lo más importante que de la vida le había deparado. Por eso se enfundó el buzo de la responsabilidad. “Siempre me gustó ir al arco. Además era el único lugar que no se quedaba sin jugar, por eso me metí de lleno y aprendí sus secretos”, afirma.
Dice que le costó ganarse el puesto. Que tuvo que venir de abajo y luchar palmo a palmo su espacio y que tuvo que morder el banco de suplentes por mucho tiempo, ya que no había la confianza suficiente “en mi tiempo” para ser titular. “Era complicado ser el guardameta estelar. No había una oportunidad para nosotros los ecuatorianos. Los dirigentes y técnicos preferían que el arco estuviera custodiado por un foráneo”, señala.
Pese a aquello siguió motivándose para no perder su ritmo. Sabía que en cualquier momento le llegaba su cuarto de hora. “Fue el mejor momento de mi vida cuando me dijeron que iba a saltar como titular. Era una felicidad mezclada con nerviosismo increíble. Pero lo hice y fue aceptable. Luego y lo más duro fue ganarme el espacio y mi nombre en el fútbol”, expresa.
Valencia es guayaquileño -31 enero 1965- y apareció por la década del 80 en el mundo del fútbol. Fue de la camada de Xavier Baldriz, Colón Navarro, Álex Cevallos, Erwin Ramírez, Jacinto Espinoza, entre otros. Y pese al tiempo y a su retiro de la sublime convocatoria de un silbato, Valencia sigue vigente por su destacada labor como presidente de la Asociación de Futbolista del Ecuador (AFE).
Pero antes de que hable de su actual función prefiere desempolvar sus recuerdos. Sus momentos de entrenamientos, viajes, concentración. De los partidos y sus triunfos. También de sus derrotas. Es que Emilio Valencia no solamente defendió a Emelec sino a otros clubes del país como Barcelona, donde ganó más importancia. Más presencia. “Eso no quiere decir que Emelec no es de respeto, simplemente jugar en Barcelona es otra cosa. Su perfil es muy diferente y su entorno también. Es gratificante haber jugador en los dos equipos más importantes del Ecuador. Para cualquier jugador eso es un lujo y por suerte pude conseguirlo”.
También dio su aporte en Deportivo Cuenca donde logró cosas importantes. “Fueron momentos maravillosos. Estaba maduro en cuanto a lo futbolístico y eso ayudó para un mejor desenvolvimiento. Creo que le pudimos dar la mano a una institución muy noble como la morlaca”.
Filanbanco, El Nacional y Técnico Universitario contaron con sus servicios y es precisamente el último de los equipos nombrados donde logra colgar sus botines.
La historia de Emilio Valencia nunca quedó encerrada en una cancha de fútbol. Por el contrario. Mientras practicaba lo que más le gustaba también se dio el tiempo necesario para estudiar. Aquel esfuerzo tuvo su recompensa cuando se incorporó como Abogado de la República del Ecuador en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Particular Metropolitana.
En ese tiempo e incluso hasta la presente son pocos los futbolistas que consiguen un título universitario, esto provoca hasta cierto punto burla, pero luego te respetan. “Al principio los compañeros, incluso la prensa misma, me decía ‘abogado’ con un tono irónico, pero con el tiempo se dieron cuenta del respeto que merece la profesión y fueron cambiando su manera de pensar. Ahora guardo una relación estupenda con todas las personas que están inmersas en el mundo del fútbol”, dice con orgullo.
Es que Emilio Valencia luego de su retiro fue elegido como presidente de la Asociación de Futbolistas del Ecuador (AFE) y hace contados meses fue reelegido, luego de un trabajo fructífero de cuatro años. “Al principio fue muy duro hacerle entender a los futbolistas la importancia de la entidad. Una vez ganada esa batalla, fue hacerlos respetar en el seno de la Federación Ecuatoriana de Fútbol. Con el tiempo lo conseguimos y hoy tenemos la capacidad de decir que hemos ayudado para que el futbolista tenga el respeto que se merece. No le puedo enumerar las batallas que hemos sorteado, pero son muchas. Y seguiremos en la causa, porque así es este negocio. El beneficio debe ser tanto para el jugador como para el club”.
Así es el ‘abogado del fútbol’, en cuerpo y alma. El que jamás se imaginó llegar tan lejos.

Achilie, sonrisa perfecta

El maesrtro



Su infancia y juventud la paseó por la avenida 6 de diciembre allá en Esmeraldas de donde es oriundo. Equis días tomó su mochila y se mandó a cambiar. Aterrizó en Guayaquil llenó de ilusiones. Sabía que podía triunfar dándole a la redonda. Y así fue.
Es que Vilmar Enrique Achilie Valencia salió y perteneció a la famosa “cantera esmeraldeña”. De esa generación donde los jugadores de la tierra verdes mandaban en el balompié ecuatoriano.
Por su fortaleza física, despliegue, pundonor deportivo y sobretodo entereza para enfrentar a cuanto rival le salía por delante.
Achilie no es un improvisado en el fútbol. Proviene de una familia de futbolistas que dieron que hablar en el concierto balompédico nacional. Jimmy y Óscar –el diablo-, hermanos, también dieron que hablar en varios elencos del país.
Enrique Achilie -30 noviembre 1959- y punto de cumplir 49 años dice sentirse satisfecho de su paso por el apasionante mundo de la redonda. Indica que cosechó gratos amigos y que aún los recuerdos permanecen intactos.
Añade que si volviese a vivir estaría nuevamente atrás del balón. Cercando al rival y respirándole en la oreja.
De su estilo dice aquello se lo deja a los periodistas para que lo califiquen pero entre líneas argumenta que fue elegante y fino. Limpio. En el mano a mano siempre salía ganador y que cuando tocaba luchar nunca se daba por vencido. Por arriba nadie le ganaba por abajo “moría” de pie.
Compañero de Wilson Macías, Freddy Bravo, Luis Capurro, Carlos Muñoz (+), Pedro Mauricio Muñoz, David Bravo, Macedo, Newton, Noé, entre otros.
“Tuvo la suerte de rodearme de un gran grupo de jugadores que estuvieron presto para mostrar una solidaridad única dentro y fuera de la cancha. Al margen de lo deportivo siempre guardo gratos recuerdos de ellos”.
Hoy y alejado de las canchas su labor ya no es de defensa central sino de protector. La oficia de seguridad personal la misma que uno puede dar a conocer “no puedo decir a quien pero es una persona importante en Guayaquil”, señala mientras sonrié y pide tomarse una foto con su pana del alma (Filiberto Rodríguez).
Achilie también defendió a Everest, 9 de Octubre, Universidad Católica, Técnico Universitario y estuvo a punto de fichar por Deportivo Quito. También tuvo un paso fugaz por Canadá donde no descuidó su estilo de juego.
En cuanto a los técnicos dice que fueron algunos. “Unos buenos y otros malos”. Entre los buenos lo señala Eduardo Macías y Luis Santibáñez. El primero de los nombrados lo llevó a ser preseleccionado de Ecuador.
Lo apodaron “El maestro”. No sabe porqué lo llamaron así pero le gustaba. Como que le daba mayor importancia. “Del partido que más recuerdo fue uno contra Deportivo Cuenca. Fue un partido bravo. Nos dieron con todo pero salimos airosos. Me partieron el labio y toda la sangre empapó mi camiseta. Esa camiseta aún la tiene mi padre como recuerdo de ese cotejo”.

Del directivo que lo marcó asegura que Nahín Isaías fue un caballero con ellos. “Nos daba buenos premios, ganábamos bien y nos hacía valer como jugadores. Cierto día ganamos un cotejo y nos prometió un premio. Logramos el objetivo y nos dio unas tarjetas para ir a comprar lo que desea a sus almacenes pero la señorita que nos atendió no me creía. Entonces le reclame a don Isaías –que en paz descanse- y el me acompañó hasta el almacén, despidió a la señorita y me duplicó los productos. Ese jefe fue bacán”, asegura “El maestro”.
Lo agridulce del fútbol fue el momento que pasó con Ernesto Guerra cuando éste quiso “llevar su parte por ser titular” dice. “El profesor Guerra fue muy bueno pero luego quería llevar por estar en el terreno de juego y eso no va conmigo. Por eso tuve problemas para fichar por Deportivo Quito ya que cuando iba a arreglar con ellos Guerra era el técnico y mejor ahí quedamos”.
Y en cuanto a lo agradable comenta que le agradó tener como compañero al “Bacán” Delgador. “Carlos llegaba del El Nacional y era el arquero del momento. Un jugadorzazo y un amigo especial. Me dio mucho gusto haber sido su compañero”, manifiesta.
Vilmar Enrique Achilie Valencia sigue siendo el mismo. Vive por la urbanización Florida Norte. Ahí habita. Soñando lo que en un tiempo fue y ya no será. Sin embargo en su rostro se refleja el amor por la número cinco la misma que extraña como nadie.

El de las piernas largas

Perteneció a una generación ganadora. Fue tres veces campeón con Emelec y fue partícipe del Monumetalazo

Enrique Wilfrido Verduga Zamora perteneció a una generación ganadora en la historia de la vida del Club Sport Emelec. Llegó de Chone, provincia de Manabí, para labrarse un destino en filas azules y vaya que lo logró.
Desde su arribó por finales de la década de los 80 y principios de los 90 se ganó su espacio y entró con pie firme en la corazonada de los millonarios que en varias ocasiones lo pusieron como ejemplo para futuras generaciones del club de la calle San Martín.
Pero la etapa futbolística de Enrique Verduga no se inicia precisamente en el ´Ballet´ sino en las polvorientas calles de Chone –su ciudad natal- donde comienza a darle a la número cinco sin pensar que la misma le tuviera deparada gratas satisfacciones.
Su primer equipo fue el Eugenio Espejo de Manabí (1984-1985) donde mostró sus primeros recursos. Jugador simple. Haciendo la fácil. Sin complicaciones para salir jugando y con una técnica valiente que poco a poco la fue puliendo. Aquel paso por sus raíces fue una alerta a lo que podía brindar este elemento que desde su juventud se lo consideraba un todo terreno.
Y precisamente ese dinamismo para encarar la redonda fue lo que dio paso para que se atreviera llegar al Puerto Principal y mostrar sus condiciones. Fichó para Patria de la segunda categoría de Guayaquil. Corría el año 1986 cuando se dio a conocer en el equipo del ´relojito´. Su juego siempre salió a relucir a tal punto que en media temporada ya estaba en filas millonarias.
Lo apodaron ´flaco´ por su delgada contextura pero aquello nunca fue obstáculo para sobresalir ya que lo que le faltaba de fortaleza física lo suplía con energía pura, entrega y dinamismo para frentear a cualquier rival.
A su llegada a Emelec comenzó a escribirse su recién su historia que está plasmada con más tardes alegres que tristes. Verduga, a sus 44 años -19 de enero de 1964- y desde su retiro profesional dice sentirse con la tranquilidad del deber cumplido. Cree que hizo lo justo cuando se vistió de corto y que hoy todos esos momentos los guarda en el cofre de sus recuerdos. “Fue algo único. No hay manera de describirlo. Lo más importante que queda luego de trajinar por las diferentes canchas del país es el reconocimiento de los seguidores que te respetan y aprecian”, dice en un alto en la escuela de fútbol Los Bicampeones que dirige en compañía de los ex futbolistas Vidal Pachito y Eduardo Smith.
Enrique la oficiaba de volante central y defendió la camiseta de Emelec por más de diez años. Además fue un símbolo de la institución y uno de los tantos eternos capitanes que ha tenido el equipo. Alcanzó los campeonatos de 1988, 1993 y 1994. Fue convocado por la Selección ecuatoriana para disputar la Copa América 1989. En 1998 se fue al Audaz Octubrino de Machala, club en el que se retiraría año y medio después.
Ha sido internacional con la Tricolor en 12 ocasiones. Su debut en el equipo de todos fue el 2 de abril de 1987 en un partido amistoso ante Cuba. Y la misma historia nos cuenta que participó en las eliminatorias al Mundial USA 1994 y Francia 1998.
Al ´Flaco´ cuando se le pregunta cual fue su mejor partido con la blusa azul dice y sin pensarlo el día que le ganaron a Barcelona en su propio estadio el día de su inauguración. Aquel triunfo lo llamaron ´Monumentalazo´. “Cómo no vas a recordarlo si le ganas a tu máximo rival, y en su inauguración, cómo no voy a recordarlo, sin duda que este hecho es difícil de olvidarlo”, manifiesta esbozando una sonrisa contagiosa. Como dato adicional Emelec en aquél año ganó dos títulos. En la inauguración del estadio del Salado, se adjudicó la Copa Guayaquil, ganando al entonces campeón de la Libertadores Penarol de Uruguay y a su eterno rival en el Clásico del Astillero. Así nació la leyenda del Monumentalazo
La presencia del ex mediocampista en la disciplina eléctrica se dio precisamente cuando aterrizaban nuevos valores como Raúl Avilés y Urlin Cangá provenientes del 9 de Octubre, José Federico Minda, Alcides de Oliveira –brasileño-, los jóvenes Enrique Verduga, Kléber Fajardo, Ivo Ron, Vidal Pachito, David Aparicio, entre otros. Sin embargo, seguían los problemas económicos y la sequía de gloria.Pero aquella renovación tuvo su recompensa cuando se incorporaron jugadores extranjeros de la talla de Javier Baldriz, Miguel Falero y Rubén Beninca y de la mano del técnico. Angel ´El bebe´ Castelnoble, Emelec volvió a recuperar el protagonismo. “Fue un equipo de primera categoría. Con jugadores de jerarquía que hacían temblar a cualquier rival. Teníamos un gran estilo y con jugadores que pasaban su mejor momento como Avilés, Cárdenas y Beninca desbarataban a la mejor defensa”, argumenta con orgullo.
Luego llegaron tardes amarga asegura. Pero según él “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista” y espero pacientemente para repetir dos nuevos títulos bajo el mando del argentino Salvador Capitano. “Llegaron Iván Hurtado, Ángel Fernández, Máximo Tenorio, Jacinto Espinoza y de las divisiones menores del club surgió Danes Coronel. De Argentina, vino Marcelo “Pepo” Morales que se convirtió en el eje conductor del medio campo y con jugadores de experiencia como Luis Capurro, Ivo Ron, Jose Federico Minda, Jesús Cárdenas, Kléber Fajardo, Humberto Garcés y Luis Castillo y mi persona hicimos de Emelec un gran equipo que jugaba un fútbol moderno, de gran velocidad y con visión ofensiva”, afirma.Enrique Verduga intenta ser recíproco con lo que el fútbol le dio y es por eso con Vidal Pachito y Eduardo Smith, ex jugadores, crearon una escuela de fútbol a la que llamaron ´Los Bicampeones´. “Poco a poco va creciendo. Tenemos una media de 300 alumnos que se van adquiriendo los secretos del balón. Creo que en un futuro no muy lejano sacaremos a nuestros reemplazos”, dice entre risas.


Datos
Nombre completo: Enrique Wilfrido Verduga Zamora
Apodo: Flaco
Fecha de nacimiento: 19 de enero de 1964 (44 años)
Lugar de nacimiento: Chone, Ecuador
Nacionalidad:
Club actual:
Posición: Mediocampista
Partidos internacionales: 12
Goles totales: 0
Año del debut: 1986
Club del debut: Emelec
Año del retiro: 1999
Club del retiro: Audaz Octubrino