martes, 30 de diciembre de 2008

Cuando el título pasa a segundo plano (II Parte)

Cuando el título pasa a segundo plano
“En nombre de la República del Ecuador y por autoridad que demanda la Ley, lo declaro Abogado de los Tribunales Constitucionales del Ecuador. Exigiendo que su investidura como tal sea reconocida y respetada. Tributándose los honores del caso en todos los tribunales de justicia del país”, indica una copia de Jorge Orrala Mendieta, hombre de la serranía que guarda una copia de aquel pergamino –que años atrás le fuera entregado- en una billetera café y que está arrugada y descolorida por el trato recibido.
A José lo encontré atrás del Coliseo Romano, hasta donde lleva una maleta- todos los sábados y domingo – llenos de birra (cerveza) y que las vende cuando se reúnen los ecuatorianos.
“En Ecuador tenía mi oficina, en Quito. Una atenta secretaría realizaba mis trámites sin ningún problema, ya que era muy reconocido y respetado allá. Pero las cosas se pusieron complicadas y difíciles, y en una buena noche reuní un capital y me vine acá. Pero las cosas no han salido como esperaba y hace cinco meses que no consigo trabajo. Estuve laborando en una fábrica, pero me cancelaron porque un italiano iba a ocupar mi lugar. Desde ahí no he conseguido nada. Por suerte, me estoy ayudando con estas cervezas que vendo los fines de semana”, indica con los ojos húmedos, pero sin lágrimas, ya que las últimas que tenía se le acabaron hace cinco meses cuando habló por última vez con su hija y ahora no lo puede hacer, porque no tiene dinero para llamar a Ecuador.
Así como este abogado, varios profesionales han tenido que dejar lo suyo para buscar mejores ingresos, una mejor vida, pero lamentablemente la realidad es otra.
Todos los emigrantes esperan los domingos para relajarse. Desestresarse. Conjugar el amor al prójimo. A lo suyo. En Ecuador, salir un domingo –en ciertas ocasiones- se vuelve un sacrilegio y, entre bromas, señalas que aquel día es para las empleadas o, como vulgarmente se les dice, “peroles”.
Pero acá, aquello no funciona. Desde muy temprano casi todos buscan las iglesias. Allí hacen un fondo común, cocinan, celebran los cumpleaños, juegan pelota, almuerzan, bailan, toman cerveza –moderadamente- y aprovechan hasta la última luz que la madre naturaleza brinda. Poquísimos van de compra. Yo diría nadie.
Los parques forman parte de esta aventura. Los ecuatorianos se hermanan y tratan de convivir sanamente. Los que tienen su trabajo cuentan lo suyo y se muestran más tranquilos. Los que no, tratan de que alguien los recomiende y pedirle a los conocidos “una ayudita”. Unos prometen. Otros también. Pero nadie se va sin dar alguna esperanza. Así transcurre el único día de asueto, ya que el sábado es medio tiempo y lo utilizan para arreglar el departamento o lavar sus pertenencias. Parece cuento pero nadie quiere perderse ese día. Un domingo. Sí, un domingo de gloria para todos los emigrantes.
Después del parque, los emigrantes –entiéndase ecuatorianos- no desmayan en sacar provecho al domingo. Aquel domingo que no vendrá, sino después de una semana fuerte. Llena de atropello y bajas pasiones.
Es por eso que acudí a una de las tantas discotecas que existen en Roma y que atienden los domingos. La entrada con derecho a dos cervezas, tiene un valor de 10 euros
Aquella disco poseía un ambiente único. Una pista increíble. La música era contagiosa y una simpática chica, con un diminuto traje que dejaba apreciar todos sus encantos, animaba la noche. Más de uno se sometía al donaire de la agraciada muchacha cuyos movimientos eran endemoniados, cautivadores, libidinosos, los cuales permitían hacer volar la imaginación.
De repente, para hacer el ambiente agradable y que los presentes entren en confianza, la chica con su cálida voz le pide que alcen los brazos.
-Los colombianos presentes, ¿dónde están?, dice. Y unos diez celebran el pedido.
Nuevamente hace la pregunta: los hermanos peruanos, ¿dónde están? Al igual que los colombianos, se hacen presente en un número no mayor de 20.
La pregunta de rigor no se hace esperar: ¿Dónde están los ECUATORIANOS? Cerca del 70 por ciento de los presentes celebran el pedido y dicen: ¡Aquí estamos, presentes!
¡Qué bestia!, exclame. Sin embargo, que emoción la mía.
La gran mayoría son ecuatorianos que han emigrado a esa parte de Europa por un futuro mejor.

lunes, 29 de diciembre de 2008

NO TODO LO QUE BRILLA ES EUROPA (I Parte)

Amparado al juramento que efectué –previa mi incorporación como Comunicador Social- de estar siempre en el “lugar de los hechos”, recurrí a ese principio para reunir todos los detalles pertinentes del porqué los ecuatorianos viajan a otros países en busca de mejores días.
Para logarlo, y para evitar que se forme una aberración del concepto cultural, tuve que despojarme de todos los privilegios que gozaba en Ecuador para vivir, en carne propia el sacrificio de los nuestros.
Escribir estas líneas no fue sencillo. Cada palabra tiene un sentido. Un sentimiento escondido y un honor que se pierde con el transcurso de los días en tierras extrañas.
Aquí no encontrarán temas sobre la geografía, clima, religión, etc. de Europa. Es una historia, jamás escrita por persona alguna sobre las vivencias de nuestros compatriotas por labrarse un futuro mejor para los suyos en esa parte del mundo. Espero que esta vivencia o experiencia sea un aviso para quienes deciden viajar, y sepan lo que les espera. Ojo, no todo es malo.
Es fácil ubicar un micrófono y preguntar…preguntar y preguntar. Pero no es tan fácil vivir, sentir, sufrir y llorar.
Las líneas siguientes tienen un lenguaje ameno y sencillo.
Lo expuesto no es un lamento latinoamericano, sino una verdad formada durante el tiempo que estuve en el Viejo Continente, en donde traté de desarrollar mi capacidad desmitificadora y crítica.
Entonces, acomódese, lea y viva una historia de la vida real. Creo que le despejarán algunas dudas.

Haciendo camino al andar

Esta historia aún está fresca y creo que seguirá fresca por muchos años. La misma nació un lunes, a las 15h00, para ser más exacto. Día soleado –típico en Guayaquil.
Estaba en mi trabajo, planificando un nuevo reportaje. Cuando de un momento a otro un mensaje – vía celular- me indicaba que viajaba a las 21h00 por Iberia –en la clase económica- vuelo IB 6634 A34, con destino a Madrid, y luego abordaría el vuelo IB 3602 B24 a Roma.
En esos precisos momentos, mi mente sintió una sensación extraña que no atinaba a describirla. La verdad es que no sabía si reír o llorar
Tomé fuerzas y me despedí del “Cholo” Guayaquil y de Víctor Mestanza, mis dos compañeros de profesión y, hasta ese entonces, los personajes que conocían de esta aventura.
No muy lejos del lugar se encontraba el conocido periodista José Kalil, amigo personal e incondicional, quien no dudó en darme su respaldo y advertirme.
Entonces, no me quedó más remedio que hacer maletas, despedirme de los míos y acudir al aeropuerto internacional José Joaquín de Olmedo, que, para variar, estaba copado de viajeros y familiares que acudían a despedir a sus seres queridos.
Hice columna y certifiqué mi viaje. Pero cada instante que daba un paso y me acercaba al mostrador –de Iberia- mi mente se llenaba de recuerdos y me decía: ¿Qué vas hacer allá?... Y como era de esperarse no tardó en llegar la pregunta del millón… ¿para qué?
Cerca de las 20h00 – de aquel lunes - empezó el llamado por los parlantes para que acudiéramos a la sala de espera. Y entonces comenzó la histeria de los que se quedaban y la fuerza sobrehumana que ponía de manifiesto cada viajero para no flaquear.

Nadie reía…Todos lloraban… Yo no fui la excepción, por más que puse de mi parte el corazón, al final, se quebró.
De los cientos de pasajeros que íbamos en el avión, conocía a uno: Isidro Romero Carbo, ex presidente de Barcelona, amigo mío, pero lamentablemente para mi él viajaba en primera clase.
En el chequeo nacional, la revisión de rigor no se hizo esperar. Un policía ecuatoriano parecía enemigo. Ni la fuerza pública extranjera se portó tan estricta como este elemento. Bueno, al fin de cuentas parece que ese es su trabajo.
Ya en el vuelo todos nos mirábamos las caras, pero no los corazones. La mayoría nerviosos. Otros trataban de ocultar aquello, pero sus rostros pálidos los delataba.
A mi lado se sentó un muchacho de unos 20 años, aproximadamente. Recién salía del cuartel…Recién abandonaba su pueblo –Salitre-… Y recién se subía a un avión. Y como era de esperarse, el terror de estar en un “pájaro de acero” hizo presa de él. Sudaba frío. No sabía si sentarse o pararse. Miraba con inquietud y pavor por la ventanilla del avión, que comenzaba a elevarse. No hablaba. Sólo atinó a juntar sus manos y rezar el Padre nuestro. Su actitud fue tan conmovedora que lo acompañé en su rezo.
A la hora de la cena no se sirvió nada. Sólo masticaba, comía y saboreaba sus nervios. Intente relajarlo, que conversara, pero mis intentos fueron vanos. Por ello, me acomodé, leí algo y me dedique a observar las películas que proyectaron durante el viaje.
Creo, y no lo dudo, que lo mismo ocurrió en los otros asientos donde 9 de cada 10 pasajeros viajaban por primera vez. Luego de 10 o 12 horas de vuelo anunciaron que estábamos a punto de arribar al aeropuerto de Barajas, en Madrid, que nos abrocháramos los cinturones de seguridad, que la temperatura promedio era de 10 grados, que la hora local era las 14h30 y que no nos levantáramos del asiento hasta que el avión se hubiere detenido completamente.
Una vez que se ha detenido el avión, antes de bajar, lo primero que uno hace es rezar y encomendarse a Dios. No quiere caminar, pero debe hacerlo. Ya en el mostrador, donde se aprueba la entrada, los segundos parecen horas, los minutos meses y las horas años.
Y entonces comienza el interrogatorio:
¿A dónde va?
¿Es la primera vez que viaja?
¿Quién lo espera?
¿A qué hotel va a llegar?
¿Cuántos días se va a quedar?
¿Cuánto dinero tiene? … ¡Muéstrelo!
Preguntas que, si no estás preparado, te cuesta responder. Y te cuesta bastante. Tanto cuesta que te regresan en el siguiente avión a Ecuador.
Fui testigo de cómo cinco compatriotas no pudieron superar sus nervios, ni mostrar serenidad, al momento del interrogatorio. Lamentablemente, los nervios hicieron presa de ellos. Barrera dura. Llena de intriga, dolor y felicidad, si la pasas. Pero a la larga, todo depende del factor suerte.
El resto seguía su camino o talvez su destino. La mayoría se quedó en Madrid. Otros se fueron a Barcelona. Y pocos a Italia (Roma, Milán y Génova eran los puntos a seguir).
Era el momento de la verdad y el inicio de la nada
Mi destino era Roma. El resto tomó su rumbo. En España hice un alto y tuve que esperar el avión que me trasladaría hasta mi lugar de destino.
La lectura fue mi gran compañera. La idea era que pasara el sabor amargo que tenía por las nuevas vivencias. Las manijas del reloj pedían permiso para poder caminar. La pequeña espera se hizo una eternidad.
Llegó –por el momento- la hora de la verdad. Iberia nuevamente encendió los motores de nuestra aventura y por espacio de dos horas, con algunos minutos, nos trasladó a la Tierra Santa –nada más por que allí reside el Papa- porque por lo demás…
En el aire nadie es más que nadie y es por eso que el silencio no se hizo esperar. La historia volvió a repetirse. El rezo, la entrega a Dios para poder pasar el último escollo.
Las preguntas de Madrid volvieron a repetirse acá (Roma). Pero estas eran más difíciles. Diría, las más decisivas.
Caminar no es fácil en la vida. Desde pequeño cuesta. Inclusive duele. Y en esta ocasión no fue la excepción.
Ingresé al control en Roma. Traté de pasar inadvertido, pero acá eso no funciona, peor con “mi acento europeo –ustedes saben piel bronceada, ojos verdes, cabellos rubios y un aire único (todo lo contrario)”-.
Me ubiqué en un grupo de italianos para lograr mi objetivo, pero cuando había caminado cerca de 800 metros y cuando me faltaban 20 pasos para llegar a la puerta, un policía me detuvo para investigarme.
No me amilané. Estuve algo nervioso, pero nada del otro mundo. De inmediato me solicitaron mis documentos. Revisaron mi maleta y como no me encontraron nada me llevaron a la oficina. En ella se encontraban dos muchachos ecuatorianos como Dios los mandó al mundo. Hechos un mar de lágrimas y sometidos a los vejámenes más crueles que he visto.
El gendarme que detuvo mi ingreso me hizo unas cortas preguntas… ¿Tienes droga en el estómago?, me dijo en tono agresivo.
¡No!, contesté. Sin duda la pregunta saltaba sola, debido a la voluminosa figura que tenía, producto de mi buena vida en Ecuador.
-No mientas, me dijo el policía-. –Vamos al departamento de radiografía y si tienes algo… ¡no te salvas!, agregó.
-Estoy dispuesto a tomarme la radiografía, respondí. –Si usted me encuentra droga enciérreme toda la vida. Pero, si no, me paga el hotel ya que me están esperando afuera y se pueden ir, con el tiempo que me está haciendo perder, repliqué.
-Igual. Vamos a tomarte la radiografía. Confiesa que tienes droga y tu pena será menor, dijo en tono agresivo el policía.
Agarré mi maleta y le dije también con voz fuerte y segura: ¡vamos!
Caminamos dos o tres pasos –no me acuerdo- y me dijo: ¡Bienvenido a Roma!, no sin antes darme un par de palmadas en la espalda. La sangre volvió a mi cuerpo. Caminé con la frente en alto. No miré atrás y seguí mi camino.
Llegué en una época donde el invierno y la primera se unen como por arte de magia. Aquella noche el clima era bastante agradable. La brisa acariciaba mi rostro. Un taxi aguardaba una de las tantas carreras. Yo no espere de mucho y lo abordé. Lo típico de los hombres del volante cuando divisan a un extranjero. Diez vueltas a la manzana para llevarte al mismo sitio. El derecho de piso era eminente y 30 dólares o 40 euros, para cinco minutos eran un hecho.
Un hotel de tercera que no dejaba de costar 125 dólares, más una llamada telefónica, para decir que estas bien, bordeaban –mi primera noche- 180 euros.
Supuestamente pensaba disfrutar el hotel, pero no fue así. A lo mucho una ducha y nada más. El sueño quedó postergado por el cambio de horario al que debes acostumbrar a tu organismo.
Al final la soledad de las cuatro paredes – si tienes la suerte de tenerlas- vence tus párpados y los cierras. Pero cuando recién agarras el sueño, ya tienes que dejar el hotel.
Algo para sentirlo, pensarlo y vivirlo.

El tiempo allá no transcurre. Se detiene. Los días se hacen eternos. Amanece temprano y anochece tarde. Parece que el día tiene más vidas que un gato. Es más, creo que la noche no existe. Los meses son años. ¿Y qué es un año? ¡Verdad! No sé ni quiero saberlo, por lo menos acá.
Daniel Santos, el “inquieto Anacobero”, escribió una canción que se viene a mi mente y que, con su voz inconfundible decía: “que lentas pasan las horas… en esta cautividad… aquí se sufre y se llora…”. Así como Daniel entonó esa canción, muchos ecuatorianos también lo hacen. De una libertad puesta en juego. Unos esclavizados casa adentro. Otros, esperando, como los presos un sábado o domingo para sentirse libres. Barrera tan auténtica y propia de todos nosotros. Y otros, sin saber qué hacer como producto de una esclavitud adquirida sin haberla perdido. Y que decir de muchos que llevan acá dos, tres, cuatro, cinco, diez meses; un año o dos sin trabajar. Qué vida será aquélla. Y más triste verla pasar.

lunes, 24 de noviembre de 2008

´Maravilla´Tenorio y su repertorio futbolístico

Su juego fue elegante, exquisito. Muchos decían que jugaba para la tribuna o para que lo aplaudan. Pero no era así. Su fútbol siempre fue así. Era como lleva la pelota amarrada a sus botines. O en otras palabras hacía ´maravilla´ con la número cinco.
Definitivamente estas líneas pertenecen a Mario Segundo Tenorio Lanzaduri o más conocido como ´Maravilla´ Tenorio.
Para los aficionados que tuvieron la suerte de observarlo en el terreno de juego pueden dar fe del nivel que poseía Tenorio para enfrentar al rival.
Lo driblaba, burlaba, lo amagaba. Al adversario lo llevaba y lo traía. Lo hacía pasar de largo, lo silbaba. Era como si jugaba con la pelota amarrada a sus zapatos. Y como para variar con una cintura para ´bailar´ al mejor defensa pintado del país.
´Maravilla´ y como para no romper el molde es de Esmeraldas. De la gallada que rodeaba al estadio Folker Anderson y que lo denominaban ´ barrio Caliente´. Ese calor que sirvió para crecer y que estaba rodeado fue más que suficiente para que sintiera en carne propia la atracción por la pelota.
Pero lamentablemente tuvo que cambiar de aires e irse a vivir a Puerto Bahía, El Oro, con su madre Susana Landazuri para buscar un mejor provenir. Y vaya que no se equivocó.
Los machaleños quedaron como ´locos´ cuando vieron al moreno de contextura delgada, educadito y con harto hilo en el carrete. Lo llamaron a filas de Audaz Octubrino y ahí empezó su despegue como futbolistas.
Eran sus años mozos y ya lo vivía con plenitud. Con ganas y sentimientos. “Fueron mis inicios en el fútbol. Luis Avila me ayudó a crecer y me dio la suficiente confianza para salir adelante. Gané confianza y poco a poco me fui ganando mi espacio”, señala Tenorio.
El ex delantero canario dice que su paso por el Audaz fue gravitante para seguir su fútbol en Deportivo Cuenca. El elenco de las ´Camisetas Coloradas´ dio su visto bueno y se lo llevaron a sus filas.
“Me trataron muy bien en Cuenca. Gente responsable, grandes jugadores y una afición que te apoyaba para que salga ganador. Ese paso que di fue importante ya que me permitió llegar a Barcelona que era uno de mis metas”, dice con nostalgia.
Lo de ´Maravilla´ dice que no sabe quien se lo puso y por qué. Pero argumenta que puede ser por el desborde que poseía en la cancha. “Tuve la suerte de tener un juego que ya no es muy apreciado en el fútbol. El de driblar. Eso les gustaba a los aficionados y me aplaudían. Decían que era una maravilla lo que hacía en el campo. Y me imagino porque ahí viene todo”.
En cuanto a los partidos donde mostró todo su nivel y que más le gustó fue ante El Nacional en Quito donde ganamos 3-2 (1985). “No me acuerdo el año pero ese partido lo perdíamos 2-0. Luego tomamos una remontada y lo ganamos con una actuación destacada de Wilson Nieves y todo el plantel”, dice.
Con los clásicos dice recordar todos pero uno que aún guarda en su mente es aquel 26 de agosto de 1984. “Aquel partido lo pitó el difunto Elías Jácome. Fue bello por la dinámica del juego y las alternativas del marcador. Barcelona jugó con Walter Guerrero; Flavio Perlaza, Jimmy Montanero, Tulio Quintero y Merchán; Galo Vásquez y Raymundinho; Mario Tenorio, Paulo César y Lupo Quiñónez. Emelec creo que lo hizo con Israel Rodríguez; Pedro Batallas, Cáceres, Jorge Valdez y Morán; Kléber Fajardo, Páez y Tejeda; Jimmy Quinteros, Jesús Cárdenas y Paredes. Cárdenas hizo el primer gol y Raymundinho empató al andar. Apenas iniciado el segundo tiempo Quinteros anotó para Emelec y tres minutos después empató Perlaza. Faltaban siete minutos cuando Lupo aseguró el 3 a 2 a favor de Barcelona. El triunfo estaba asegurado hasta cuando el diablo metió la cola porque a los 82 minutos Oswaldo Páez puso otro empate y en el minuto 90, cuando Jácome se preparaba para pitar el final, Jesús Cárdenas hizo el gol de la victoria para Emelec en uno de los encuentros más emotivos que se recuerden”, afirma con una secuencia de datos única.
Tenorio también fue un prospero comerciante. Abrió una salsoteca llamada La Maravilla, en Sauces 8, al norte de la ciudad pero actualmente la misma se encuentra se litigio ya que se esta divorciando de su esposa (Nancy Quiñónez). “Eso fue hace años. Allí llegan a bailar los prietos de buen ritmo. Pisar ‘La Maravilla’ después de las 23:00 es una experiencia para los sentidos. Además de escuchar buena música, el espectáculo de las parejas afroecuatorianas y colombianas cautiva”, cuenta con nostalgia para rematar y señalar: “La salsa solo dejaría de latir aquí, si las olas del mar se tragasen a esta ciudad”…
De vuelta al fútbol Tenorio es de la época de Perlaza, Pereira,, Bardales, Pepe Paes
Fausto Klínger, Epanhor, Vásquez, Alcides, José Tenorio, Madruñero, Manga, Perlaza, , Ney, Nieves, Alberto Andrade entre otras piezas fundamentales fundamentales que hicieron grande a Barcelona.
Mario Segundo Tenorio Landazuri (Esmeraldas, 21 agosto 1957) estuvo en la finalísima ante ante Técnico Universitario en Machala. Él dio el pase gol para que con un sello único la chilena espectacular de Víctor Epanhor se abriera el camino al título.
También defendió la Selección Nacional Filanbanco y terminó retirándose en Audaz Ocubrino, el equipo que lo catapultó para la gloria.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Jorge Raffo, cazador de talentos

Para Jorge Raffo, Director Deportivo del CEFAR (Centro de Entrenamiento para Futbolistas de Alto Rendimiento), el nivel de los jugadores que ha enviado la Academia Alfaro Moreno a la institución que él dirige, ha sido muy bueno, lo que demuestra el trabajo responsable que se realiza en nuestra organización.
El ex Boca Juniors estuvo supervisando en días pasados el trabajo que realiza la Academia en el país, llevándose una gratísima impresión acerca de la evolución que ha tenido la formación de jugadores en las divisiones inferiores.
“Hay una evolución muy importante y esto me pone feliz, esta da un gran renombre al CEFAR en este país. Hay muchos éxitos en esta alianza”, dijo Raffo.
El ex volante habló sobre el convenio que tiene el CEFAR con la Academia Alfaro Moreno. “Esta es una alianza estratégica, la que ha potenciado a la escuela de acá y a su vez nos da la facilidad para observar a los mejores jugadores para que tengan la oportunidad de hacer sus pasantías en el CEFAR y así los podamos ver en acción. En cuanto a lo hecho en Quito y Guayaquil, por mi parte solo se merecen palabras de reconocimiento en cuanto al desarrollo, es un gran equipo de trabajo”, destacó el directivo.
Para Raffo, al momento de emprender un ambicioso proyecto futbolístico, la infraestructura es un punto muy importante y según las palabras del técnico, la Academia brinda las mejores condiciones para un trabajo serio y responsable.
“Me tocó ver distintos lugares y Alejandro tiene una gran infraestructura, eso es importante para que todo salga bien. Hay cosas para corregir y mejorar, pero en términos generales, Carlos tiene una gran infraestructura en su Academia”, dijo.
El entrenador destacó que hay cinco pasos importantes e imprescindibles al momento de trabajar con divisiones.
“Cuando se trabaja en algo, es necesario hacer un trabajo previo con puntos estratégicos y en el caso de las divisiones inferiores estos pasos son infraestructura, logística, organización, metodología y la capacidad de promoción de jugadores. Es un gran desafío el crear un espacio donde los chicos jueguen igual, donde todos puedan mostrar sus habilidades y puedan surgir como futbolistas”, expresó.
Aunque dijo que las comparaciones no son de su agrado, Raffo tuvo palabras para la evolución de las formativas en Argentina y de cómo se llevan actualmente en Ecuador.
“En Argentina tenemos mayor cantidad de años en ver jugadores, pero en Ecuador a partir de la década del noventa, Ecuador se convirtió en una gran cuna, este no es el proceso final, es solo un gran avance”, manifestó.
Raffo aseveró que este proceso ha llevado a que varios de los jugadores nacionales estén mostrando su fútbol en otros países, tal es el caso de Cristian Noboa, quien se proclamó campeón en el fútbol ruso.
“El que estén jugando en el exterior, eso es resultado de un proceso de muchos años. Ustedes han sacado verdaderos jugadores de gran calidad, los cuales se adaptan rápidamente a las exigencias de los estándares internacionales y eso es bueno”.
Raffo se refirió acerca de lo difícil de encontrar ‘talentos’, ya que no basta solo con tener grandes cualidades futbolísticas, sino que los jugadores deben de cumplir con varios requisitos para triunfar en el fútbol.
“Es muy difícil encontrar talentos, se pueden encontrar jugadores, pero para llegar a Argentina no basta con ese proceso, los jugadores deben de seguir un proceso de perfeccionamiento, hay que ver imperfecciones, corregir la táctica, hay que desarrollar la inteligencia, hay que seguir con un entrenamiento invisible, con la humildad”.
En cuanto a jugadores talentosos que han conjuntado estas características, Raffo destacó a Lionel Messi.
“En realidad hablar de Messi es hablar de un talento imprevisto, los jugadores como Messi aparecen muy poco. Messi tiene todo en perfecta comunión y eso es raro en un jugador”.
En cuanto al tema, Raffo continuó destacando las características que debe tener un futbolista si quiere llegar a ser de alto rendimiento.
“Hay cinco características para un jugador que quiera llegar lejos. Los muchachos deben tener calidad, mentalización, velocidad, inteligencia y estar bien dotados técnicamente, solo así podrán triunfar”.
El ex internacional argentino, que tuvo un paso por el fútbol europeo, resaltó que un jugador que posea estas características muchas veces se queda a medio camino debido a la falta de apoyo.
“A los 17 años los chicos se profesionalizan o dejan de jugar. Es penoso ver cuando un chico tiene condiciones y deja de jugar porque debe trabajar o sus padres simplemente no quieren que sea futbolista. He visto a grandes jugadores retirarse sin saber lo que podían hacer en esta hermosa profesión”.
Raffo señala: "Buscamos el modelo de cantera del Barcelona, en cuanto a organización, infraestructura y estilo de juego". Por eso "estuve allí para copiar la metodología", agrega. Y sigue: "Lo más importante para el Barcelona es el desarrollo de un proyecto de Argentina para Argentina. La intención es demostrar el nivel que se puede conseguir a través de la unión del talento de los jugadores argentinos y de la metodología que ellos tienen. Y hay que aclarar que el primer paso es aportar jugadores para nuestro país y después abrirnos como lo estamos haciendo con Ecuador en la Academia de Alejandro".
Es decir que la idea es que un jugador complete las inferiores en cualquier equipo de acá, para luego sí probar suerte en Europa. Otro parámetro importante será desarrollar talentos que puedan incorporarse a la Sub15 ó Sub 17, y que allí demuestren que están preparados para el nivel del Barsa. "No nos ponemos como objetivo encontrar a otro Messi, aunque ¡ojalá así fuera! En realidad pretendemos sacar jugadores importantes", dice Coqui.
Según lo expresado por Raffo, los chicos de la Academia que viajaron a Argentina para integrar el CEFAR por pocos días, dejaron una muy buena impresión con sus habilidades futbolísticas. Abel Casquete, John Rodríguez y Joel Soto dejaron impresionados a los profesores del CEFAR.
“Casquete ha mostrado un nivel muy superior. Él estaba por encima del nivel de muchos chicos, asimismo Soto. La gente de Barcelona los está observando y de seguro en algún tiempo estos chicos darán mucho de qué hablar”.
El director del CEFAR tuvo un consejo para Soto luego de su instrucción en Argentina.
“Soto tiene gran definición, tiene que jugar más en equipo, pero tiene gran técnica. Él de seguro llegará al profesionalismo y será un gran jugador”.
En cuanto a Rodríguez, Raffo expresó que “este chico es un gran goleador, si bien es cierto que no estuvo al nivel de Casquete y Soto, pero está a nivel de los jugadores que tenemos en Argentina y eso ya es bastante”.
Raffo indicó que Soto y Casquete regresarán a Argentina en estos días para intervenir en un importante torneo.
“Seguramente en noviembre lo tendremos en Argentina, ojala pueda participar en el torneo muy importante que tenemos allá”.
Para Raffo, Ecuador es una gran cantera de jugadores, la cual no se ha explotado en su totalidad. “El fútbol ecuatoriano puede sacar a grandes jugadores, hoy veo que los jugadores evolucionan bien, los torneos interbarriales mejoran año a año, a mí me da la sensación que todo avanza, el proceso de evolución avanza mucho, los chicos deben entrar en procesos metodológicos”.
En cuanto al trabajo en divisiones inferiores por parte de los clubes, Raffo destacó lo realizado por Liga de Quito y El Nacional.
“No todas las instituciones trabajan de la forma como la hacemos en Argentina o como la hace Alejandro acá. (Edgardo) Bauza y (Jorge) Célico lo hacen en sus clubes, esperemos que la gente de Barcelona se vaya acomodando en este proceso, para que en las inferiores hay mayor competitividad”.
Raffo, que en su época de jugar fue un zurdo, elegante, con una buena pegada y un buen cabezazo y que aprendió mucho de los centros futbolísticos franceses cuando estuvo de paso por allá, considera que en su etapa de entrenador le va mejor.
“Soy mejor entrenador que jugador. Si bien jugué 15 años, los jugadores tenemos límites. Por ahí Alejandro estuvo entre los mejores del fútbol argentino”, destacó.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Un gordo bueno

Eduardo “El gordo” De María siempre jugó al filo del reglamento. Díscolo como ninguno pero luchador y ganador por excelencia. Bastaba con soplarle la oreja para que explotara en el campo de juego y sea expulsado sin mayor excusa. El equipo que lo contrataba sabía que el uruguayo cuando no le salían las cosas iba a parar a los camerinos. Incluso tiene un récord de tarjetas rojas en una temporada y que decir durante sus años en el balompié ecuatoriano.
Como jugador fue un exquisito con la número cinco bajo sus botines. Con una cintura endiablada. Peleador. En otras palabras, buena pelota.
Su entrega era total. El equipo que se lo llevaba sabía que iban a bravear la temporada o ser protagonistas como mínimo.
Llegó a Ecuador en 1969 para Deportivo Quito pero como el cupo de extranjero estaba lleno fue transferido a Patria donde jugó una temporada con un rendimiento aceptado para el medio. Su juego convenció y es por eso que lo llevaron nuevamente para la Capital donde recaló en el América. Ahí se cansó de ganar con los “cebollitas” logrando dos viceampeonatos a nivel nacional
En 1972 Eduardo Spandre no dudó de su juego y lo llevó a Emelec donde inició a ganar fama e idolatría.
De María nació en Uruguay y se inició en Peñarol donde conoció los secretos de la redonda. “Peñarol me prestó y seguí el curso que me dio la vida. Jugué un año en Colombia, Manizales donde fui elegido el mejor volante del país con 14 goles pero mis mejores años lo hice aquí donde llevó más de 40 años viviendo en esta hermosa tierra que me acogió como uno más”.
“El gordo” –así lo llaman desde pequeño por su contextura, el mismo lo confiesa-, dice ser amig del amigo pero no creer que haya sido un loco o un demente como en ocasiones lo tildaron. “Era normal lo mío. Si tu estás trabajando esa grabadora y te quiero robar te vas a enojar porque es la máquina de tu trabajo y para mi era lo mismo. Me robaban un partido y yo quería matar a todo el mundo. Me gustaba ganarme mi dinero lo poco que nos pagaban me gustaba ganármelo bien y que nadie meta mano y eso lo sabía todo el mundo. No me gustaba perder”, cuenta.
Eduardo cuenta que cada cotejo era una anécdota y que tiene muchas. Por ejemplo cuando le dio un patazo a Elías Jacóme (+). “Jugaba para Universidad Católica y chocábamos contra El Nacional. Suspendieron a Villafuerte por un año porque le había pegado un patazo a Elías. Jácome le echó la culpa a Villafuerte y el que le pegó el patazo a Villafuerte fui yo. Elías se quedó con la pica. En el l partido siguiente Católica enfrentó a Liga de Quito y al entrar al túnel y me estaba esperando Elías Jácome y me sacó amarilla en el túnel y me dijo que en la primera jugada que haga me expulsaba y dicho y hecho. En una pelota divida con Polo Carrera el dice que le pegue a Carrera y me votó por al equivocación que había tenido en el partido anteriormente”, cuenta con jocosidad.
En cuanto a los compañeros de equipo dice tener gratos como Fernández, Atahulfo Valencia, Echeverría, Lazo, Pérez, Páez, Miloño Aguirre, Rolón, “Ñato” García, Echeverría, Píriz, Ortiz, Bayona, Lambert, Guime , Tenorio, Camacho, entre otros pero que siempre recuerda a “Félix Laso por qué fue el mejor nueve que observé en la historia de Ecuador”.
Cuando se habla de los Clásicos dice que tiene uno especial con Bosco Mendoza, médico del ídolo hasta le fecha. “Antes del partido estando en la concentración me intoxico y me llevan al dispensario de la clínica Guayaquil. Allá me atiende Bosco y me mete un suero recuperándome totalmente. Retorno a la concentración y jugué. Le hice dos goles a Barcelona y ganamos el partido gracias a Bosco”, dice expresando una gran sonrisa y satisfacción.
Eduardo De María señala que en su época el fútbol era más artístico, más romántico, hermoso a la vista gracias a los talentos que existían en esos momentos. “No creías que habían jugadores que estaban en equipo chico pero eran extraordinarios como Rogger Cajas, Bolívar Rangel, Anderson Hurtado jugadores que estaban en equipos pequeños pero no jugaban en equipos grandes y no eran aprovechados”.
Dice sentirse bien en Ecuador donde lleva 40 años viviendo. Nunca se nacionalizó aunque Ernesto Guerra se lo pidió para defender a la tricolor pero no hizo ya que tiene su propio concepto. “Sigo siendo uruguayo hasta el día que me muera. Es difícil cambiar como hacen los jugadores ahora de la noche a la mañana se hacen ecuatorianos y listo. Y dicen que aman a la camiseta y eso es mentira es solo por asunto económico. Revisen los extranjeros que se han nacionalizado y por donde andan. Ya no están por el país. Agarraron plata, se fueron y emigraron. A mi me enseñó una cosa muy grande Spencer (siempre lo quisieron nacionalizar y no lo hizo). Me decía que uno tiene que estar con su país hasta el día que se muera. Y así estoy yo. Ecuador es todo para mí. Están mis hijos, mi nietos, vivo acá 40 años entonces te podrás imaginar que Ecuador para mi es todo. Y cuando me muera tendrán que hacer un huequito acá y enterrarme a pesar de que tengo uno en Salinas, en mi local”.
De María siempre fue frontal. De esos personajes que no se callan nada y dicen las cosas de frente. Por eso que fue sancionado de por vida en el fútbol ecuatoriano. “Acá estamos engañados con una sarta de técnicos extranjeros y no son nadie en su medio Pero como hablan bien y son bonitos le dan todas las posibilidades y son técnicos de la gran madre. Pero ignoran que acá hay gente ecuatoriana, capaz. Marginaron gente como Eduardo Macias, al profesor Yagual denigrándolos como hombres, como seres humanos. Estos sinvergüenzas hasta eso hicieron para involucrar a extranjeros y marginar a ecuatorianos. Otro de los perjudicados es Carlos Cuvi, Alfredo Encalada, Fausto Carrera técnicos que tienen capacidad y no le dieron oportunidad. Los argentinos y colombianos invadieron y antes uruguayos que llegaron destruyeron al técnico ecuatoriano”, argumenta.
De María actualmente tiene su negocio en Salinas. Una parrillada que va viento en popa. De su salud prefiere no hablar ya que está delicado y en contados días será operado de una hernia que lo tiene atormentado. De los sinsabores insiste tener un montón como cuando lo trataron de involucrar como ladrón de carros, asaltante, traficante, coyotero, arreglador de partidos. “Por suerte ningún ser humano me pudo señalar. La lacra era yo porque le decía las cosas en la cara. Acá no le gusta a la gente que le digas las cosas en la cara. Yo los insultaba no me importaba si son poderosos o no”, sentencia.
Si algún día parte del terrenal mundo la única lo único que quedaría pendiente es que no fue técnico de Emelec o Liga de Portoviejo. Del resto, todo lo ha vivido a plenitud.

viernes, 7 de noviembre de 2008

El chupón del fútbol

Recién había cumplido 15 años y le dieron la orden de enfundarse el uniforme amarillo y que se encaminara por el túnel del estadio Olímpico Atahualpa ya que sería titular en Barcelona ante Liga de Quito.
La pantalonera le quedaba gigante y tocaba con la rodilla. La camiseta de igual forma. El número en el dorso se escondía ya que se había metido la remera por dentro. Los polines le llegaban hasta los muslos.
Todo aquello no importó por qué era su debut. Así lo ordenaba el técnico de Barcelona –que en paz descanse- Otto Vieira.
Y saltó el conjunto torero al gramado. Todos pensaban que se trataba de la mascota del equipo pero no fue así. Era Juan Madruñero Montoya que jugaba su primer partido oficial allá en la década de los 70.
El celador del conjunto albo y mejor lateral, en ese momento del país, Ramiro Tobar, se burló de quien tenía que custodiar. Pero sorpresa para él y tranquilidad para Madruñero éste le dio un baile y pese a que perdieron 0-1 a partir de ahí se ganó la titularidad en el conjunto catalán.
Aquel cotejo determinó que el jovencito de cara de niño ocupara los espacios en los diferentes medios de comunicación por su entereza y hombría para jugar un partido de primera categoría.
Con ese fresco recuerdo el “Baby” o “Chupón” Madruñero comienza a describir su paso por la número cinco. La misma que está preñada de gratos recuerdos. Es que fueron 20 años de puro fútbol. 19 con la blusa torera y una con Liga de Portoviejo. Aquel trajinar le otorgó 6 títulos y dos vicecampeonatos con Barcelona.
A nivel de selecciones el cantar fue otro. Por que su jerarquía siempre salía a relucir. Eliminatorias, Copa América y amistosos con el equipo de todos también forma parte de sus recuerdos.
Pero cuando se trata de encaminar la inquietud de cuánto le dejó el fútbol sin inmutarse cuenta que “un millón” pero un millón de amigos ya que de dinero absolutamente nada. “Antes no se ganaba como ahora. Más era por amor por la camiseta. El fútbol lo único que me dejó es un millón de amigos que por suerte son excelentes”, cuenta Juanito –como también lo llaman cariñosamente.

Juan Madruñero es guayaquileño de cepa. De esos que no le gusta el perfume sino la colonia ya que lo hace sentir más varonil. Sigue viviendo por Sedalana y la que cruza. Ahí tiene su gente, su familia, sus hijos y dice sentirse feliz.

Ratifica que el fútbol era "mil veces mejor que el de ahora ya que antes se sudaba la camiseta. Ahora si no hay los verdes no quieren ni entrenar”, dice con soltura. Mientras posa con las manos en la cintura como si le vayan a tomar una grafica como en sus viejos tiempos.

Dice que si jugaba en esta época estuviera millonario. “El sueldo de antes era para vivir nada más. No había lujos ni carros ni casa. Solo para lo necesario. Por eso digo que es imposible de comparar el ayer tanto en lo futbolístico como en lo económico”.

Por eso prefiere hablar de fútbol. Del buen trato con la pelota. De los compañeros de equipo. De los Clásicos. Si de los Clásicos. De esos que se rompían por ganar. “Hubo uno que me marcó para siempre. Perdíamos con Emelec 0-1. Faltaban 20 minutos para que termine el cotejo y me envían al campo de juego. Hice el pase para el primer gol y el segundo lo convertí yo. Entonces era para volverse loco. Ese recuerdo lo tengo presente y es como nunca se haya terminado”, afirma.

Juan sigue contando con la misma estatura de su debut. 1 metro 50. Eso sí, con más peso por el pasar de los años. Pero con la misma sonrisa de siempre para charlar de su juego.

Actualmente cuenta con 55 años a cuesta. Es coordinador de las divisiones menores en Barcelona. Y tiene un negocio propio que controla en su vieja y achacada camioneta blanca. Posee dos teléfonos celulares. Uno es plan y el otro lo activa cuando le pagan la quincena. “Ante no existía estos aparatos pero ahora son necesario”, dice haciendo un alto a la entrevista ya que lo solicitan desde las canchas que el supervisa.


De los compañeros de equipo dice tener un montón y que le daría una pena no nombrarlos por temor a que se vaya a resentir pero entre ellos se encuentran Miguel Ángel Coronel, Víctor Peláez, Luciano Macías, Walter Cárdenas, Vicente Recaro, Washington Muñoz, entre otros, con quien compartió grandes tardes de gloria. “Fueron grandes compañeros, buenos amigos y muy colaboradores dentro y fuera de la cancha”.

Cuando se le habla del técnico que le dio todos sus conocimientos sin dudarlo y con la frente en alto dice Otto Vieira. “Fue el mejor técnico que tuve en mi vida. El me hizo debutar, me enseñó todos los secretos del fútbol y le digo la verdad: fue como mi padre –dice mientras sus ojos se nublan como si quisieran brotar lágrimas-“

A Juan no le disgustaba lo de los apodos. Igual le parecía cariñoso que le digan chupón, enanito, baby, nene. Con su primer sueldo recuerda quele compró unos zapatos a su mamá. “Fue el mejor día de mi vida ver a mi vieja sonreír por el regalo. Ella lo quería y se lo pude comprar”, asegura.

En cuanto al porte dice que nunca le causó problema a pesar de que siempre intentaron aprovecharse de aquello. “Pero yo los burlaba. En otras palabras lo baila y eso que siempre tuve rivales de jerarquía y de talla pero nunca me achiqué”.

Incluso se dio el lujo de conformar una delantera de lujo Alberto Spencer, Pedro León y Manuel Bazurco y Juan Madruñero. Es decir: Cabeza Mágica, Perico, El Cura y Baby una delantera que hizo temblar a propios y extraños.

Luego llegó el retiro. No como el que esperaba pero si en el momento oportuno. Es decir dejó el fútbol antes de que el fútbol lo deje a él.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Arquero por convicción, abogado por profesión

De pequeño jugaba y soñaba con ser bombero, policía, abogado, doctor, piloto de avión, y como era de esperarse futbolista. Su ilusión era tan grande que también quería ayudar a su familia. Una familia que tuvo que pasar muchos sinsabores para sobresalir. 11 hermanos (cinco mujeres) más papá Segundo Valencia y mamá Juana Corozo marcaron su numeroso clan.
La necesidad se sentía como tal. No había para la ´papa´ como le llaman en el barrio y cuando le tocaba movilizarse lo hacía en la buseta que pasaba por su casa. Allá en el populoso barrio Cristo del Consuelo. Hablando de vivienda la misma no poseía los recursos necesarios para estar cómodos.
Es por eso que no descansó y trabajó para labrarse su destino. Un destino lleno de satisfacciones, pero antes debió esforzarse día a día.
Cuando era joven, y antes de meterse de lleno al fútbol, laboraba en todo con tal de tener sus propios ingresos, ya que no le gustaba depender de nadie.
Mientras transcurría el tiempo fue tomándole cariño a la ‘redonda’. Era su desayuno, almuerzo y merienda. Un vicio, como él cataloga, sano. De esos que no te llevan al vicio de la calle.
En cuanto a la inclinación como golero, dice que siempre la sintió y estar entre los tres palos era lo más importante que de la vida le había deparado. Por eso se enfundó el buzo de la responsabilidad. “Siempre me gustó ir al arco. Además era el único lugar que no se quedaba sin jugar, por eso me metí de lleno y aprendí sus secretos”, afirma.
Dice que le costó ganarse el puesto. Que tuvo que venir de abajo y luchar palmo a palmo su espacio y que tuvo que morder el banco de suplentes por mucho tiempo, ya que no había la confianza suficiente “en mi tiempo” para ser titular. “Era complicado ser el guardameta estelar. No había una oportunidad para nosotros los ecuatorianos. Los dirigentes y técnicos preferían que el arco estuviera custodiado por un foráneo”, señala.
Pese a aquello siguió motivándose para no perder su ritmo. Sabía que en cualquier momento le llegaba su cuarto de hora. “Fue el mejor momento de mi vida cuando me dijeron que iba a saltar como titular. Era una felicidad mezclada con nerviosismo increíble. Pero lo hice y fue aceptable. Luego y lo más duro fue ganarme el espacio y mi nombre en el fútbol”, expresa.
Valencia es guayaquileño -31 enero 1965- y apareció por la década del 80 en el mundo del fútbol. Fue de la camada de Xavier Baldriz, Colón Navarro, Álex Cevallos, Erwin Ramírez, Jacinto Espinoza, entre otros. Y pese al tiempo y a su retiro de la sublime convocatoria de un silbato, Valencia sigue vigente por su destacada labor como presidente de la Asociación de Futbolista del Ecuador (AFE).
Pero antes de que hable de su actual función prefiere desempolvar sus recuerdos. Sus momentos de entrenamientos, viajes, concentración. De los partidos y sus triunfos. También de sus derrotas. Es que Emilio Valencia no solamente defendió a Emelec sino a otros clubes del país como Barcelona, donde ganó más importancia. Más presencia. “Eso no quiere decir que Emelec no es de respeto, simplemente jugar en Barcelona es otra cosa. Su perfil es muy diferente y su entorno también. Es gratificante haber jugador en los dos equipos más importantes del Ecuador. Para cualquier jugador eso es un lujo y por suerte pude conseguirlo”.
También dio su aporte en Deportivo Cuenca donde logró cosas importantes. “Fueron momentos maravillosos. Estaba maduro en cuanto a lo futbolístico y eso ayudó para un mejor desenvolvimiento. Creo que le pudimos dar la mano a una institución muy noble como la morlaca”.
Filanbanco, El Nacional y Técnico Universitario contaron con sus servicios y es precisamente el último de los equipos nombrados donde logra colgar sus botines.
La historia de Emilio Valencia nunca quedó encerrada en una cancha de fútbol. Por el contrario. Mientras practicaba lo que más le gustaba también se dio el tiempo necesario para estudiar. Aquel esfuerzo tuvo su recompensa cuando se incorporó como Abogado de la República del Ecuador en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Particular Metropolitana.
En ese tiempo e incluso hasta la presente son pocos los futbolistas que consiguen un título universitario, esto provoca hasta cierto punto burla, pero luego te respetan. “Al principio los compañeros, incluso la prensa misma, me decía ‘abogado’ con un tono irónico, pero con el tiempo se dieron cuenta del respeto que merece la profesión y fueron cambiando su manera de pensar. Ahora guardo una relación estupenda con todas las personas que están inmersas en el mundo del fútbol”, dice con orgullo.
Es que Emilio Valencia luego de su retiro fue elegido como presidente de la Asociación de Futbolistas del Ecuador (AFE) y hace contados meses fue reelegido, luego de un trabajo fructífero de cuatro años. “Al principio fue muy duro hacerle entender a los futbolistas la importancia de la entidad. Una vez ganada esa batalla, fue hacerlos respetar en el seno de la Federación Ecuatoriana de Fútbol. Con el tiempo lo conseguimos y hoy tenemos la capacidad de decir que hemos ayudado para que el futbolista tenga el respeto que se merece. No le puedo enumerar las batallas que hemos sorteado, pero son muchas. Y seguiremos en la causa, porque así es este negocio. El beneficio debe ser tanto para el jugador como para el club”.
Así es el ‘abogado del fútbol’, en cuerpo y alma. El que jamás se imaginó llegar tan lejos.

Achilie, sonrisa perfecta

El maesrtro



Su infancia y juventud la paseó por la avenida 6 de diciembre allá en Esmeraldas de donde es oriundo. Equis días tomó su mochila y se mandó a cambiar. Aterrizó en Guayaquil llenó de ilusiones. Sabía que podía triunfar dándole a la redonda. Y así fue.
Es que Vilmar Enrique Achilie Valencia salió y perteneció a la famosa “cantera esmeraldeña”. De esa generación donde los jugadores de la tierra verdes mandaban en el balompié ecuatoriano.
Por su fortaleza física, despliegue, pundonor deportivo y sobretodo entereza para enfrentar a cuanto rival le salía por delante.
Achilie no es un improvisado en el fútbol. Proviene de una familia de futbolistas que dieron que hablar en el concierto balompédico nacional. Jimmy y Óscar –el diablo-, hermanos, también dieron que hablar en varios elencos del país.
Enrique Achilie -30 noviembre 1959- y punto de cumplir 49 años dice sentirse satisfecho de su paso por el apasionante mundo de la redonda. Indica que cosechó gratos amigos y que aún los recuerdos permanecen intactos.
Añade que si volviese a vivir estaría nuevamente atrás del balón. Cercando al rival y respirándole en la oreja.
De su estilo dice aquello se lo deja a los periodistas para que lo califiquen pero entre líneas argumenta que fue elegante y fino. Limpio. En el mano a mano siempre salía ganador y que cuando tocaba luchar nunca se daba por vencido. Por arriba nadie le ganaba por abajo “moría” de pie.
Compañero de Wilson Macías, Freddy Bravo, Luis Capurro, Carlos Muñoz (+), Pedro Mauricio Muñoz, David Bravo, Macedo, Newton, Noé, entre otros.
“Tuvo la suerte de rodearme de un gran grupo de jugadores que estuvieron presto para mostrar una solidaridad única dentro y fuera de la cancha. Al margen de lo deportivo siempre guardo gratos recuerdos de ellos”.
Hoy y alejado de las canchas su labor ya no es de defensa central sino de protector. La oficia de seguridad personal la misma que uno puede dar a conocer “no puedo decir a quien pero es una persona importante en Guayaquil”, señala mientras sonrié y pide tomarse una foto con su pana del alma (Filiberto Rodríguez).
Achilie también defendió a Everest, 9 de Octubre, Universidad Católica, Técnico Universitario y estuvo a punto de fichar por Deportivo Quito. También tuvo un paso fugaz por Canadá donde no descuidó su estilo de juego.
En cuanto a los técnicos dice que fueron algunos. “Unos buenos y otros malos”. Entre los buenos lo señala Eduardo Macías y Luis Santibáñez. El primero de los nombrados lo llevó a ser preseleccionado de Ecuador.
Lo apodaron “El maestro”. No sabe porqué lo llamaron así pero le gustaba. Como que le daba mayor importancia. “Del partido que más recuerdo fue uno contra Deportivo Cuenca. Fue un partido bravo. Nos dieron con todo pero salimos airosos. Me partieron el labio y toda la sangre empapó mi camiseta. Esa camiseta aún la tiene mi padre como recuerdo de ese cotejo”.

Del directivo que lo marcó asegura que Nahín Isaías fue un caballero con ellos. “Nos daba buenos premios, ganábamos bien y nos hacía valer como jugadores. Cierto día ganamos un cotejo y nos prometió un premio. Logramos el objetivo y nos dio unas tarjetas para ir a comprar lo que desea a sus almacenes pero la señorita que nos atendió no me creía. Entonces le reclame a don Isaías –que en paz descanse- y el me acompañó hasta el almacén, despidió a la señorita y me duplicó los productos. Ese jefe fue bacán”, asegura “El maestro”.
Lo agridulce del fútbol fue el momento que pasó con Ernesto Guerra cuando éste quiso “llevar su parte por ser titular” dice. “El profesor Guerra fue muy bueno pero luego quería llevar por estar en el terreno de juego y eso no va conmigo. Por eso tuve problemas para fichar por Deportivo Quito ya que cuando iba a arreglar con ellos Guerra era el técnico y mejor ahí quedamos”.
Y en cuanto a lo agradable comenta que le agradó tener como compañero al “Bacán” Delgador. “Carlos llegaba del El Nacional y era el arquero del momento. Un jugadorzazo y un amigo especial. Me dio mucho gusto haber sido su compañero”, manifiesta.
Vilmar Enrique Achilie Valencia sigue siendo el mismo. Vive por la urbanización Florida Norte. Ahí habita. Soñando lo que en un tiempo fue y ya no será. Sin embargo en su rostro se refleja el amor por la número cinco la misma que extraña como nadie.

El de las piernas largas

Perteneció a una generación ganadora. Fue tres veces campeón con Emelec y fue partícipe del Monumetalazo

Enrique Wilfrido Verduga Zamora perteneció a una generación ganadora en la historia de la vida del Club Sport Emelec. Llegó de Chone, provincia de Manabí, para labrarse un destino en filas azules y vaya que lo logró.
Desde su arribó por finales de la década de los 80 y principios de los 90 se ganó su espacio y entró con pie firme en la corazonada de los millonarios que en varias ocasiones lo pusieron como ejemplo para futuras generaciones del club de la calle San Martín.
Pero la etapa futbolística de Enrique Verduga no se inicia precisamente en el ´Ballet´ sino en las polvorientas calles de Chone –su ciudad natal- donde comienza a darle a la número cinco sin pensar que la misma le tuviera deparada gratas satisfacciones.
Su primer equipo fue el Eugenio Espejo de Manabí (1984-1985) donde mostró sus primeros recursos. Jugador simple. Haciendo la fácil. Sin complicaciones para salir jugando y con una técnica valiente que poco a poco la fue puliendo. Aquel paso por sus raíces fue una alerta a lo que podía brindar este elemento que desde su juventud se lo consideraba un todo terreno.
Y precisamente ese dinamismo para encarar la redonda fue lo que dio paso para que se atreviera llegar al Puerto Principal y mostrar sus condiciones. Fichó para Patria de la segunda categoría de Guayaquil. Corría el año 1986 cuando se dio a conocer en el equipo del ´relojito´. Su juego siempre salió a relucir a tal punto que en media temporada ya estaba en filas millonarias.
Lo apodaron ´flaco´ por su delgada contextura pero aquello nunca fue obstáculo para sobresalir ya que lo que le faltaba de fortaleza física lo suplía con energía pura, entrega y dinamismo para frentear a cualquier rival.
A su llegada a Emelec comenzó a escribirse su recién su historia que está plasmada con más tardes alegres que tristes. Verduga, a sus 44 años -19 de enero de 1964- y desde su retiro profesional dice sentirse con la tranquilidad del deber cumplido. Cree que hizo lo justo cuando se vistió de corto y que hoy todos esos momentos los guarda en el cofre de sus recuerdos. “Fue algo único. No hay manera de describirlo. Lo más importante que queda luego de trajinar por las diferentes canchas del país es el reconocimiento de los seguidores que te respetan y aprecian”, dice en un alto en la escuela de fútbol Los Bicampeones que dirige en compañía de los ex futbolistas Vidal Pachito y Eduardo Smith.
Enrique la oficiaba de volante central y defendió la camiseta de Emelec por más de diez años. Además fue un símbolo de la institución y uno de los tantos eternos capitanes que ha tenido el equipo. Alcanzó los campeonatos de 1988, 1993 y 1994. Fue convocado por la Selección ecuatoriana para disputar la Copa América 1989. En 1998 se fue al Audaz Octubrino de Machala, club en el que se retiraría año y medio después.
Ha sido internacional con la Tricolor en 12 ocasiones. Su debut en el equipo de todos fue el 2 de abril de 1987 en un partido amistoso ante Cuba. Y la misma historia nos cuenta que participó en las eliminatorias al Mundial USA 1994 y Francia 1998.
Al ´Flaco´ cuando se le pregunta cual fue su mejor partido con la blusa azul dice y sin pensarlo el día que le ganaron a Barcelona en su propio estadio el día de su inauguración. Aquel triunfo lo llamaron ´Monumentalazo´. “Cómo no vas a recordarlo si le ganas a tu máximo rival, y en su inauguración, cómo no voy a recordarlo, sin duda que este hecho es difícil de olvidarlo”, manifiesta esbozando una sonrisa contagiosa. Como dato adicional Emelec en aquél año ganó dos títulos. En la inauguración del estadio del Salado, se adjudicó la Copa Guayaquil, ganando al entonces campeón de la Libertadores Penarol de Uruguay y a su eterno rival en el Clásico del Astillero. Así nació la leyenda del Monumentalazo
La presencia del ex mediocampista en la disciplina eléctrica se dio precisamente cuando aterrizaban nuevos valores como Raúl Avilés y Urlin Cangá provenientes del 9 de Octubre, José Federico Minda, Alcides de Oliveira –brasileño-, los jóvenes Enrique Verduga, Kléber Fajardo, Ivo Ron, Vidal Pachito, David Aparicio, entre otros. Sin embargo, seguían los problemas económicos y la sequía de gloria.Pero aquella renovación tuvo su recompensa cuando se incorporaron jugadores extranjeros de la talla de Javier Baldriz, Miguel Falero y Rubén Beninca y de la mano del técnico. Angel ´El bebe´ Castelnoble, Emelec volvió a recuperar el protagonismo. “Fue un equipo de primera categoría. Con jugadores de jerarquía que hacían temblar a cualquier rival. Teníamos un gran estilo y con jugadores que pasaban su mejor momento como Avilés, Cárdenas y Beninca desbarataban a la mejor defensa”, argumenta con orgullo.
Luego llegaron tardes amarga asegura. Pero según él “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista” y espero pacientemente para repetir dos nuevos títulos bajo el mando del argentino Salvador Capitano. “Llegaron Iván Hurtado, Ángel Fernández, Máximo Tenorio, Jacinto Espinoza y de las divisiones menores del club surgió Danes Coronel. De Argentina, vino Marcelo “Pepo” Morales que se convirtió en el eje conductor del medio campo y con jugadores de experiencia como Luis Capurro, Ivo Ron, Jose Federico Minda, Jesús Cárdenas, Kléber Fajardo, Humberto Garcés y Luis Castillo y mi persona hicimos de Emelec un gran equipo que jugaba un fútbol moderno, de gran velocidad y con visión ofensiva”, afirma.Enrique Verduga intenta ser recíproco con lo que el fútbol le dio y es por eso con Vidal Pachito y Eduardo Smith, ex jugadores, crearon una escuela de fútbol a la que llamaron ´Los Bicampeones´. “Poco a poco va creciendo. Tenemos una media de 300 alumnos que se van adquiriendo los secretos del balón. Creo que en un futuro no muy lejano sacaremos a nuestros reemplazos”, dice entre risas.


Datos
Nombre completo: Enrique Wilfrido Verduga Zamora
Apodo: Flaco
Fecha de nacimiento: 19 de enero de 1964 (44 años)
Lugar de nacimiento: Chone, Ecuador
Nacionalidad:
Club actual:
Posición: Mediocampista
Partidos internacionales: 12
Goles totales: 0
Año del debut: 1986
Club del debut: Emelec
Año del retiro: 1999
Club del retiro: Audaz Octubrino

lunes, 27 de octubre de 2008

El "Jechu" y su fútbol

Confiesa que no guarda ningún resentimiento con nadie. Pero dice que le fallaron. De esa forma Jesús José Cárdenas Vega comienza a contar su paso por las filas azules, donde le quedó un sabor amargo tras su salida.
Es que al ‘Jechu’ -como lo llamaron cuando jugaba- le prometieron un retiro digno cuando colgó sus botines, pero de aquello nada se cumplió y tuvo que irse en silencio. Por la “sombrita”.
“Una vez más digo que no hay que confiar en la palabra del hombre. Te fallan, te entusiasman y al final no cumplen. No tengo represalia para nadie. Las personas se comportan como son. Si lo cumplen, a buena hora. Yo entré al fútbol ‘sin bombo ni platillos’ y, asimismo, me fui”, dice con un tono lleno de amargura al recordar el momento de su partida.
Es que a Cárdenas le prometieron una despedida por su entrega al club eléctrico, pero esa promesa nunca se cumplió. “Yo pude demandar a Emelec, pero mi corazón fue muy azul y no le quise hacer daño al equipo que respeto y quiero”, añade.
Pero no todo lo de Jesús Cárdenas fue tristeza. Hubo alegría, goles y buen fútbol.
El ex delantero de Emelec proviene de una familia de clase media. De unos padres que siempre buscaron la superación de sus hijos (cuatro hermanos: Galo, Jesús, Jorge y Fátima). “Cuando fui creciendo mis padres querían que fuera ingeniero. Incluso, nunca se imaginaron que me iba a dedicar al fútbol. Al principio a mi papá no le gustó la idea, pero después se hizo al dolor y me apoyó”.
De pequeño vivió al sur de la ciudad. En la ciudadela Villamil. Fue aguirrense (estudió en el colegio Aguirre Abad), pero después pasó hacer vicentino (colegio Vicente Rocafuerte), donde se consagró con su lema: ‘Donde hay una VR…hay un campeón’.
“Por el colegio llegué a Liga Deportiva Estudiantil, que fue mi segunda casa. Ahí aprendí todos secretos del fútbol, más la ayuda que había obtenido en las calles -donde también jugaba- me sirvió para formarme como jugador profesional”, señala el ‘Jechu’.
Cárdenas jugó toda su vida de delantero, aunque al final de su carrera deportiva lo hizo de enganche.
A la hora de indicar quién marcó su vida, futbolísticamente hablando, dice que hubo varios técnicos que lo ayudaron como “el abogado Yagual, José Luis Contreras, el arquitecto Aguirre, Ignomiriello, Juan Eduardo Hobberg, Jorge Lazo, Ángel Castelnoble. Todos ellos me ayudaron a crecer”, asegura.
De los goles indica que todos fueron espectaculares. Uno mejor que el otro, pero los que lo llenaban de satisfacción eran los que marcaba en un Clásico, ya que los consideraba diferentes. “Todos los goles fueron gratos para mí. Pero si tengo que escoger uno, me quedo con el que le marqué a Deportivo Quito. Era un tiro libre. Me la elevaron y de bolea le pegué. Se fue al fondo del arco. Fue muy lindo”, recuerda.
Durante su estadía en Emelec, Cárdenas se convirtió en ídolo.
En la peor década del club, uno de sus momentos más recordados fue cuando en 1981 Emelec estaba a punto de irse a la serie B por segunda vez. En la última fecha perdía 2-0 ante América en Quito y solo el empate o la victoria los salvarían del descenso. En el segundo tiempo con el marcador en contra, Jesús Cárdenas logró empatar, luego fue expulsado el arquero de Emelec y como ya no se podían hacer más cambios, Cárdenas fue quien tomó la decisión de tapar el resto del compromiso manteniendo el empate. “Ese cotejo fue muy bravo. Nos jugamos todo y por suerte nos salieron las cosas”, relata con cierta alegría.
Sobre su apodo ‘Jechu’ recuerda que un amigo lo ‘bautizó’ así. “Fue un compañero de colegio. En sexto año. Había el programa de los Polivoces. Y a uno de esos personajes le decían Jechu. Mi amigo decía que me parecía y me comenzó a llamar así. Nunca me molestó el apodo”.
Jesús no hizo dinero con el fútbol. Insiste en que se ganaba poco, pero aquello fue suficiente para ser rico en amigos. “Me satisface que la gente aún se acuerde de mí y sirva de ejemplo para las nuevas generaciones. Es bonito que la gente te pida que regrese”, dice.
Fue importante su aporte en el campeonato de 1988, en el que marcó 16 goles. Se retiró del fútbol a comienzos de 1994, luego de haber salido campeón el año anterior.
Se califica como ambicioso para encarar el arco, frío para rematar, muy exigente con los compañeros y responsable a carta cabal.
Con la selección no tuvo mayor suerte. Fue convocado en varias ocasiones, pero nunca en las definitivas. “De aquello me quedó un amargo sabor marcado por discrepancias que tenía con los técnicos de turno. Fue una asignatura que me quedó pendiente”.
Fue técnico de la selección nacional Sub 16 y Sub 20. También transmitió sus conocimientos a los jugadores del Rocafuerte FC. Actualmente es profesor de la Sub 17 en Emelec. “Trabajo con gente joven y debo ser un constante ejemplo. Ellos deben de saber que con esfuerzo todo se puede lograr. Las estadísticas simplemente servirán como referente para que se superen, pero lo más importante es el esfuerzo que ponga cada uno”, comenta.
Hace 15 años es evangéilico. La misma cantidad de años que se divorció. “Cuando pasas momentos difíciles uno toca la puerta del Señor y él te invita a pasar. Eso me pasó a mí y sigo la palabra del Creador”, asegura.
El ‘Jechu’ sigue recordando sus años vividos en la tienda millonaria. A aquellas duplas que hicieron historia, pero con una frase lo termina todo: “goles son amores, pero no buenas razones”.

DATOS
Nombre completo: Jesús José Cárdenas Vega
Padre: Pablo Cárdenas
Madre: Lastenia Vega
Apodo: Jechu
Fecha de nacimiento: 4 de abril de 1959 (49 años)
Lugar de nacimiento: Machala, Ecuador
Posición: Delantero
Año del debut: 1981
Club del debut: Emelec (1980 – 1994)
Año del retiro: 1994
Club del retiro: Emelec
Goles: 120
Inicio: Liga Deportiva Estudiantil 1977-1980
Emelec Ecuador 1980-1994
Título: Campeón con Emelec (1988 – 1993)

martes, 21 de octubre de 2008

La Academia pregunta... Santillo responde

Si Pablo Santillo lleva 630 minutos invicto en el arco de Barcelona, por algo debe de ser. Es que este argentino de 28 años llegó a Guayaquil con la difícil misión de custodiar el arco canario, algo que ha cumplido a cabalidad hasta el momento.
Para Santillo, las cualidades de un gran jugador son innatas, pero sí hay muchas cosas que pulir, por lo eso destaca la labor de la Academia Alfaro Moreno. El golero torero ve que el trabajo que realiza la Academia es muy serio, por lo que con total amabilidad, la que lo ha caracterizado desde su arribo al Puerto Principal, aceptó a tener un corto pero enriquecedor diálogo con nosotros.
Pablo, se lo vio empeñoso en la práctica
Sí, poniéndome a punto para la liguilla. En estos días estamos trabajando más en lo físico. La práctica fue agotadora, pero hay que entregarse día a día para alcanzar grandes cosas.
¿Cómo analiza el tiempo que lleva en Barcelona?
Esta todo muy bien. Quizás al principio por el hecho de estar en otro país veía todo de otra forma, pero ya me acostumbré a la ciudad, a los compañeros y todo marcha de maravilla.
En cuanto a lo que es las divisiones formativas, ¿qué conoce de la Academia de Fútbol de Alfaro Moreno?
Conozco que ahí hacen un gran trabajo. A Carlos lo escuchaba nombrar de chico cuando él jugaba en Independiente y era gran jugador y como el gran jugador que fue puedo certificar que realiza el mismo tipo de trabajo responsable con su academia. De lo que estoy enterado, Carlos tiene un cuerpo de entrenadores de primer nivel, los cuales detectan cuales son las falencias de cada chico y sobre ella trabajan.
¿Ve a la Academia como una gran cantera del fútbol ecuatoriano?
-Sin duda alguna de la Academia saldrán grandes jugadores, veo que de aquí a pocos años habrán grandes sorpresas para el fútbol ecuatoriano.
¿Cuál cree que sea la base para realizar un buen trabajo en las divisiones formativas?
Indudablemente un trabajo más personalizado y se nota que los entrenadores de la academia se preocupan por la situación de cada chico, se puede ver además en los resultados que ha obtenido el club en las diferentes categorías. Para que una escuela de fútbol tenga en pocos años su propio equipo peleando por ascender a la primera categoría, es algo que habla muy bien del trabajo personalizado que se está haciendo.
¿Cuál cree que ha sido la base de estos logros?
Saber manejar las divisiones formativas depende mucho de querer crecer con los pequeños, trabajar con ellos preocupándose de sus problemas y alegrándose cuando alcancen algo importante.
¿Abriría una escuela de fútbol?
Siempre me ha gustado la idea. Ojalá algún día se pueda concretar y pueda ayudar a los pequeños futbolistas del país.
Un mensaje para los chicos
Que siempre entreguen todo de ellos, que nunca se den por vencidos y que hay mucho por conseguir, solo depende de ellos que sus metas y sueños se hagan realidad.

La importancia de los aparatos ortopédicos

Mucha polémica ha causado el tema de utilizar los implementos ortopédicos. Digo esto por varias preguntas que recuerdo haber escuchado en las consultas médicas, como por ejemplo: Cual aparato ortopédico debo de usar?, Cuando debería de usarlo?, Por cuanto tiempo debo utilizar este implemento?, Cual es la edad idónea para el inicio de su uso? Es necesario adquirirlo!?!? Ya es muy tarde para hacerlo? Es muy temprano aún, pobrecito mi chiquitito!?!?

Por esta razón tengo que comunicarles que existen varias escuelas en todo el mundo, y con el respeto que se merecen todas; nosotros vivimos nuestra propia realidad poco estudiada, y debemos de ajustar las estadísticas mundiales a nuestro estilo de vida. Y conversando a nivel general; tenemos niños con algún déficit a nivel nutricional que conlleva a trastornos del desarrollo durante su crecimiento y los padres deben de estar atentos a todo.

Cuando realizamos las visitas periódicas a nuestro médico pediatra ó médico de cabecera, siempre nos señalarán algún signo evidente de deformidad ósea, o de partes blandas durante su evolución natural; y los padres serán espectadores de lujo, de todos estos cambios que con santa paciencia llegan. Pero nos invade un sentimiento de desesperación, porque vemos que nuestros niños siguen creciendo con el mismo gesto, frecuentemente en sus extremidades inferiores, que son sus miembros de carga y soportarán todo su peso durante toda una vida.

Es en este momento que entra en juego su especialista, los ortopedistas; porque veremos muchos factores para indicar el mejor aparato ortopédico a usar. La edad, el peso, la talla, las actividades que realiza, y el tipo de deformidad, y la biomecánica de la marcha, son las principales propiedades que revisamos en la evaluación clínica. Posteriormente ciertas maniobras para realizar un examen físico completo. Y nos podemos chocar con diagnóstico de deformidad a nivel de talón (retropie, talo valgo), falta del puente (mediopie, pie plano), mete los piecitos (antepie, antepie aducto), tiene las piernas arqueadas (tibia vara), tiene piernas en X (genu valgu), o en O (genu varum), problemas en las caderitas (displasia o luxación congénita de cadera); esto por nombrar algunos diagnósticos con un lenguaje no médico.

Las evaluaciones radiográficas son un gran apoyo para el diagnóstico, tratamiento y control del procedimiento a usar. Entonces existe la iniciativa de utilizar algún implemento ortopédico que corregirá estos diagnósticos. Y aquí empieza el campo de las vertientes culturales, ciertos dicen: “No hagas nada hasta los 5 años, y que el niño crezca, y en su desarrollo espontáneamente mejorará” (pero esperar 5 años???). Otra escuela dice: “Los niños a los 2 años corren, de allí en adelante no deberían caerse; y si asi ocurre debemos de implementar alguna ortesis para su corrección” (Esta mas cerca de la realidad nacional, pero jugamos con la paciencia del familiar que ve la deformidad en su hijo). Entonces un término medio es INICIAR EL USO DE IMPLEMENTOS ORTOPÉDICOS CORRECTIVOS A PARTIR DE LOS 20 MESES APROXIMADAMENTE.
En ese tiempo tenemos un niño más grande, más fuerte, algo más desarrollado y con muchas ganas de usar todo y de todo. Y según el defecto se colocarán: Botas ortopédicas con alzas longitudinales y/o posteromediales, simples plantillas ortopédicas, torcedores elásticos, torcedores rígidos, según la edad y el diagnóstico yesos correctivos, o arnés, o almohadas, doble pañal, arnés rígido, etc.
Pienso que ningún niño está exento de un chequeo médico exhaustivo para detectar defectos ortopédicos a tiempo y utilizar el mejor implemento correctivo según su diagnóstico y edad.

Los goles están a cargo de Jhon

Los verdaderos goleadores son los que hablan en la cancha con goles y grandes jugadas que hacen delirar a los aficionados. De esta clase es Jhon Rodríguez, ariete indiscutible que comanda el ataque de la selección sub 12 de la Academia Alfaro Moreno y que se proclamó campeón en el torneo de Asoguayas.
Rodríguez es de aquellos atacantes movedizos e incisivos, de los que dan continuos dolores de cabeza a la defensa rival y que es verdugo del arquero que se le ponga enfrente.
La futura estrella del fútbol ecuatoriano dio un pequeño espacio en su apretada agenda para conversar con nosotros y nos contó un poco más de su vida.
¿Cómo estás luego de la consecución del título del torneo de Asoguayas?
-Bien, estoy tranquilo porque pudimos cumplir con el objetivo de conseguir el título. Gracias a Dios se nos dieron las cosas y ahora a afrontar los demás torneos que se nos vienen.
Campeón del torneo y además el goleador
-Sí, fue muy bonito ser el goleador, pero eso es solo mérito mío, sino que mis compañeros fueron un gran apoyo, ellos me daban pases y yo trataba de meterlas todas.
Pero si fallaste algunas
-Sí, pero en todos los partidos trataba de meter goles, hice cerca de 35 goles.
¿No los contaste?
-No, fueron muchos y perdí la cuenta.
¿Cómo fue el torneo?
-Hubo mucha competitividad, los equipos fueron muy duros, pero con la ayuda del profesor (Roberto) Burgos salimos campeones.
¿Cuál fue el partido más difícil?
-Fue ante River Plate, nosotros estábamos ganando por 2-0 y ellos nos empataron 2-2. Cuando ya estaba por terminar el partido metimos otro gol y terminamos ganando.
¿Qué pasó en la final?
-Jugamos la final con Rocafuerte y ganamos 5-0.
¿Metiste gol contra Rocafuerte?
-Sí, metí tres goles. Ese día, todos estábamos muy emocionados, en especial por haber ganado con muchos goles.
¿Qué les dice el profesor Burgos?
-Que seamos constantes, que esta podría ser nuestra profesión, que nos esforcemos y que siempre seamos responsables en las cosas del fútbol.
¿En qué año ingresaste a la Academia?
-En el 2005. Antes había jugado en Barcelona.
¿Cuáles son tus mejores amigos en el equipo?
-Son Luis Mata y Anthony Bravo.
¿Qué te gusta hacer en tus ratos libres?
-Me gusta jugar Play Station.
¿Cuál es tu programa favorito?
-Los Simpsons.
¿A qué jugador admiras?
-A Messi y a Robinho. En el país a Pablo Palacios.
Entonces eres barcelonista
-Sí.
¿Cómo fue el apoyo de tu familia?
-Siempre estuvieron allí. Mi papá (José Rodríguez) me lleva siempre a los partidos, él me dice que siempre dé lo mejor de mí. Mi mamá (Diana Monserrate) me da la bendición y me dice que me proteja mucho. Son grandes apoyos, así como mis hermanas Diana y Karina.

Con paso firme hacia el campeonato nacional

La frase “paso a paso” fue utilizada por Reinaldo Merlo, actual técnico de Barcelona, para conseguir el campeonato de Argentina con Rácing en el 2005. Esa misma frase es la que utiliza Roberto Burgos, estratega de la sub 12 de la Academia Alfaro Moreno que logró el título de Asoguayas.
Burgos dice que está en perfectas condiciones como para pelear el campeonato nacional de la categoría con el resto de equipos del país y que solo depende de lo “enchufados” que estén sus muchachos en los partidos.
“Gracias a Dios se nos dieron las cosas en el torneo de Asoguayas, tuvimos que batallar mucho, pero con trabajo responsable logramos el objetivo de conseguir el campeonato”, dijo Burgos.
Para el estratega ecuatoriano la base del éxito se cimienta día a día, por lo que en cada práctica –que se realizan los jueves en la tarde en el colegioBuque Mayor- recalca a sus dirigidos el esfuerzo y sacrificio.
“Siempre he sido partidario de esforzarme para conseguir grandes cosas y eso es precisamente lo que trato de enseñar a los chicos en los entrenamientos”.
Conseguir un campeonato es consecuencia de una lucha tenaz en cada partido y Burgos cuenta que ningún rival fue fácil, sin embargo resalta que hubo adversarios más fuertes que otros.
“Jugamos contra grandes equipos, todos pusieron el máximo esfuerzo partido a partido para lograr el título, pero nosotros nos esforzamos y gracias a Dios alcanzamos el objetivo”.
Burgos resalta a equipos como Rocafuerte, que se prepararon bien para el torneo.
“Hubo rivales fuertes, Rocafuerte, Emelec, River Plate y otros, fueron equipos muy fuertes, a los que con lucha y entrega pudimos pasar”, resaltó Burgos, quien afirmó además que “la meta es el campeonato nacional”, algo para lo que la sub 12 de la ‘Naranja Mecánica’ tiene que batallar mucho.
Los dirigidos por Burgos tuvieron en primera instancia que pasar la fase clasificatoria de 10, algo que a inicio parecía muy duro, según palabras del entrenador.
“Jugamos al principio una fase de clasificación de 10 equipos, éramos dos grupos en los que los cuatro primeros clasificaban a dos cuadrangulares. La cantidad de partidos, más la calidad de los equipos dificultó todo, pero una buena preparación nos ayudó a afrontar todo en buena manera”.
Ya en los cuadrangulares, los de la Academia tuvieron otros duelos de gran calidad, a tal punto de convertirse en los clasificados. “Haber llegado al cuadrangular fue un logro para nosotros, pero sabíamos que no había alcanzado nada en realidad”, expresó Burgos, quien previo a la final avizoró un duro partido ante Rocafuerte.
“Los primeros de cada grupo avanzaron a la final, nosotros en nuestro grupo y Rocafuerte en el suyo. Por un momento pensamos que Barcelona pasaría a la final, pero Rocafuerte los venció por 1-0 y a su vez nosotros les ganamos por 5-0. Esperábamos un partido más complicado pero no gracias a Dios se nos dieron las cosas. Así es el fútbol”.
Para el zonal de clasificación al cuadrangular final del campeonato nacional de la categoría, los naranja deberán enfrentarse a equipos de Manabí, Esmeraldas, Santo Domingo y El Oro. “Todos tenemos en mente clasificarnos al cuadrangular final, por lo que en este grupo de cinco equipos se darán partidos muy complicados. Para esto estamos trabajando duro y esperamos que los resultados se vean en la cancha”.
Al preguntarle a Burgo si se ve como campeón nacional, responde que “paso a paso”, pero sus ojos lo delatan, él sí cree que la Academia será el monarca nacional.
Burgos está a cargo de un grupo de 24 chicos, los que todos los jueves entrenan en las canchas del colegio Logos. “Como esta es la selección de la Academia, nosotros entrenamos solo los jueves de 16:30 a 18:30, ya que el resto de días los chicos entrenan en sus diferentes equipos, ya sea en la Academia Alfaro Moreno, Alfaro Moreno Logos o Alfaro Moreno Nuevo Mundo”.
El entrenador resalta que este no es un trabajo de último momento, sino que es producto de proceso. “Juntar un equipo competitivo no es fácil. Nosotros llevamos tres años trabajando juntos y gracias a Dios ya estamos viendo los resultados”.
Burgos ve a su equipo muy compacto y con líneas muy bien formadas, algo que para diciembre –cuando concluye el campeonato nacional de la categoría- “dé buenos resultados y nos podamos consagrar campeones”. Ojala así sea.

lunes, 20 de octubre de 2008

´Cabezón´ de mil y un batallas

Atravesaba el mejor momento de su carrera deportiva. Pero una malintencionada jugada, en Copa Libertadores de 1990, por parte del jugador brasileño Coimbra, lo marginó de las canchas por año y medio. El diagnostico de la agresión: rodilla, meniscos, ligamentos rotos.
Aquella acción lo marcó para siempre a Kléber Emilson Fajardo Barzola quien retirado de las canchas dice que no se quiere acordar de aquella maniobra que casi le cuesta su actividad deportiva.
“Fue una lesión que marcó mi carrera en un antes y un después”, dice el balzareño (nacido en Balzar – Guayas) al esquivar la pregunta. Sin embargo la recuerda como si fuera ayer.
“Iba a la disputa con Coimbra. El llegó a parar una pelota, le rebotó un poco y perdió el control de la misma. Al verse en aprietos va con las dos piernas, pelota y todo y me golpea. Me lesionó la rodilla, meniscos, ligamentos. Fue en una jugada con mala intención, alevosa y desleal”, dice.
De su agresor espera que la justicia divina lo perdone por qué él no lo hará. La prensa brasileña misma lo tenía a Coimbra como un jugador rudo, ´hachero´, malintencionado.
En todo caso ´El Cabezón´ -como lo apodaron- dice que prefiere acordarse de cosas gratas. De sus momentos agradables que vivió en la tienda millonaria y de sus títulos que alcanzó defendiendo la blusa azul y plomo.
Pero Fajardo llegó al balompié de las divisiones inferiores de Emelec. Debutó en primera división en 1984 en un Emelec - Deportivo Quito. Fue titular en la selección Juvenil Ecuatoriana que disputó el Sudamericano Sub 19 en Paraguay en el 85, igualmente con la selección Preolímpica sub23 en Bolivia. Debutó con la Selección mayor en el 87 (Uruguay 2 - Ecuador 1). Disputó la Copa América del 87 en Argentina y la de Brasil en el 89. Defendió en 36 ocasiones a la Tricolor. Y en las Eliminatorias al Mundial Italia 1990 y USA 1994.
Pero su historia cuenta que llegó a los tres añitos a Guayaquil. De inmediato pasó a vivir a un sector caliente, bullanguero y pelotero como lo es Cuenca y la 15. Precisamente ahí fue que se dedicó a ir atrás de un balón.
Dos piedras en forma de arco, la vereda también vale y uno de los dos equipos tenía que sacarse la camiseta para poder identificarse fueron sus inicios hasta que lo inquietó una convocatoria millonaria a engrosar sus filas.
Se probó y se quedó. Agradó a los técnicos de turno y pese a que le gustaba jugar como delantero tuvo que adaptarse en el medio campo. Como hombre de corte. De esos que se ´comían´ el terreno de juego. Polifuncional. Agresivo cuando el momento se presentaba. Atrevido para volcarse al ataque y cuando se trataba de defender que no se quepa la menor duda que lo hacía sin despeinarse.
“Viví en un barrio fútbolizado. Donde la prioridad era la pelota. El indor. Ahí nació este cariño por la redonda. Y como era de esperarse llegaron los partidos en los intercolegiales donde logré destacar”, cuenta.
De su llegada a Emelec argumenta que Eduardo De María cumplió un papel fundamental. “Me vio jugar y le gustó la manera de desenvolverme”, manifiesta.
“Al principio jugaba de delantero, luego de defensa hasta que me ubicaron como volante y la verdad que me sentí bien en ese puesto”.
Kléber Fajardo fue considerado como el mejor jugador, en su puesto, por varios años. Aquel desenvolvimiento lo convirtió en especie de ídolo en la tienda azul. Y ese mismo esfuerzo lo llevó ha ser fijo en la Selección Nacional por varios años.
Lamentablemente la lesión que sufrió lo alejó de las canchas. Lloró y sufrió como no tienen idea. Pero la fuerza de voluntad y el deseo de retornar fue la mejor ayuda que pudo tener para recuperarse.
Dos operaciones una en Guayaquil y otra en España, Madrid, marcaron la vuelta del ´Cabezón´. “La verdad es que creí que nunca iba a regresar al fútbol. Mi rodilla estaba echa pedazos y mi voluntad personal por los pisos. Pero el apoyo familiar y de las personas que estuvieron pendiente de mi fueron valiosas al momento de irme a España a recuperarme”, asevera.
Los expertos dicen que la mejor virtud de Kléber, como futbolista, era estar siempre donde faltan los demás. Tácticamente muy disciplinado, técnicamente muy capaz. Demostrando siempre mucha personalidad y que la pelota siempre esté en sus botines.
Fajardo tuvo un paso fugaz por el Olmedo de Riobamba y se retiró en el Audaz Octubrino de Machala.
A la hora de armar su alineación ideal cuando defendió a Emelec no duda ningún momento en formar con: Isarael Rodríguez, en el arco; Jorge Fraijoó, Iván Hurtado, Máximo Tenorio y Luis Capurro, en la defensa; Kléber Fajardo, Marcelo Morales, Enrique Verduga y Edú, en el mediocampo; Raúl Avilés y De Lima.
“Queme disculpen los compañeros pero esa es mi respuesta ante un grupo de compañeros de excelente calidad, técnica y entrega”, afirma.
De los Clásicos dice que todos fueron importantes pero se queda con uno donde Xavier Valdriz le atajó un penal a Tonihno Viera y aquello los dirigió al campeonato. Con la selección cuenta pasajes agradables pero todo aquello quedó en un simple recuerdo y que no desea recordar porque se pone nostálgico.
Actualmente es técnico de fútbol. Graduado en esta especialidad. Dirige las divisiones menores de River Plate con sobra de merecimientos. “Los frutos llegaran poco a poco. Lo importante es que hay seriedad por parte de los directivos y eso es valioso cuando se trata de encontrar nuevos valores”.
También la oficia de comentarista deportivo en radio Caravana donde dice que descubrió un campo nuevo para él pero que se le hizo fácil por la experiencia adquirida en el campo de juego.
En todo caso Kléber Fajardo sigue gritando y ordenando. Dirigiendo. Y metido de lleno en el fútbol donde dice que no espera salir por un buen tiempo.



Datos

Nombre completo: Kléber Emilson Fajardo Barzola
Apodo: Cabezón
Fecha de nacimiento: 1 de enero de 1965 (43 años)
Lugar de nacimiento: Balzar, Ecuador
Posición: Volante de corte
Altura: 1.71 metros
Partidos internacionales: 36
Año del debut: 1984
Club del debut: Emelec
Año del retiro: 1998
Club del retiro: Audaz Octubrino
Campeón con Emelec: 1988, 1993 y 1994.
Apodo: Cabezón
Hijos: 4, Andrea, Adriana, Kléber Andrés y Kléber Adrián.
Música: Variada, de todo un poco y todo de Ricardo Arjona.
Un gran jugador: Máximo Tenorio
Un ídolo: Jesucristo
El mejor amigo en el fútbol: El flaco Verduga,

Las manos que alzaron la Copa

Cuando Liga de Quito eliminó al San Lorenzo y se clasificó para jugar, ante el América de México, las semifinales de la Copa Libertadores de América 2007, el periodista guayaquileño Antonio Rodríguez Pazos contactó a José Francisco Cevallos.El comunicador le comentó que estaba convencido de que Liga sería campeón y le propuso hacer la segunda parte del libro con la historia del portero de Ancón. “Bacán, pero déjame primero ser campeón”, fue la respuesta.Así empezó a darse forma al libro “Las manos de América”, la continuación de “Las manos del Ecuador”, que vio la luz en el 2002 con motivo de la clasificación ecuatoriana al Mundial Japón-Corea 2002. Esa publicación también la hizo Rodríguez.“En aquel entonces apenas terminó el partido ante Venezuela (ganó Ecuador 2 a 1 al inicio de la fase de revanchas), y cuando los cálculos de que la Tricolor se clasificaba al menos por el repechaje, le hablé a Pancho sobre mi idea de hacerle un libro, pero me respondió que a nadie le interesaba leer de su vida”, recuerda.Pero el periodista le dio sus argumentaciones, insistió hasta lograr un sí. Luego de varios viajes a Ancón, Milagro, así como hablar con familiares, compañeros y amigos, se plasmó una obra de 180 páginas en papel cuché y fotos a color. 4 000 ejemplares salieron a luz en una época en que se festejaba con fuerza en el país la primera clasificación ecuatoriana a un Mundial.Seis años después, y luego de que Ecuador celebra su primer título en el torneo de clubes más importante del continente, llega la segunda parte. Durante seis horas, en ‘La Canchita’, negocio de Cevallos en Guayaquil, contó los pormenores desde su salida del Barcelona por la puerta de atrás, hasta el Maracanazo albo.Ahora, 3 000 ejemplares en 230 páginas, 26 de ellas con fotos a color. Los próximos días se realizará su lanzamiento oficial en Quito.Su autor cuenta que hubo un momento en que el libro estuvo en riesgo “porque algún ofrecido quiso ayudar y decía que tenía que publicarse después del Mundial de Clubes. Yo le dije a Pancho que el libro reflejaba el momento actual, el del jugador clave que ayudó a ganar la Libertadores. La idea era aprovechar el momento y así se lo hizo”.

El "gato" volador

Édgar Gonzélez, otrora gran arquero, se enoja fácilmente cuando se le pregunta sí Esmeraldas dejó de ser ´cantera de futbolistas´.
Fruñe su ceño, cambia su rostro y a viva voz dice que la tierra verde es, sigue y seguirá siendo la cuna de grandes elementos que están atrás de un balón. Y es más, golpeándose el pecho dice que pertenece a esa sangre de futbolistas que nacieron en la tierra verde.
González llegó a Barcelona una tarde cualquiera de la mano del ´Papi´ Perlaza. Corría la década de los 70 y aquel joven llegaba con su mochila al hombro llena de ilusiones.
Su máxima era triunfar en el fútbol y no desmayaría hasta conseguir su objetivo. Y aquel propósito, con el pasar del tiempo, tuvo su recompensa.
El espigado y flaco guardameta –en aquel entonces- se ganó el visto bueno de Pablo Ansaldo quien autorizó que entrenara en el equipo más popular del Ecuador.
Pero Edgar González no se conformaba con poco –alternaba la titularidad- y por aquel motivo buscó otros rumbos y vaya que no se equivocó. El Oro le abrió sus puertas y a partir de ahí llegaron tardes felices para el hombre nacido en Muisne (una pequeña isla al sur de Esmeraldas).
La oncena del Carmen Mora (luego se llamó Bonita Banana) lo recibió con los brazos abiertos al “Gato” González que inició su trajinar bajo los tres palos.
“Me inicié como back central pero poco a poco me fue gustando el arco y comencé atajar en mi escuela Vicente Rocafuerte, en el barrio y en el colegio Alfredo Pérez, donde curse el ciclo básico. Luego en el Técnico Agropecuario hasta ser seleccionado del colegio donde estudié el diversificado. También fui seleccionado de la provincia lo que me dio luces en esta actividad”, cuenta con una lucidez única.
González es un agradecido del balompié y es por eso que tiene en mente a las personas que lo ayudaron a crecer en este campo. “Rodolfo Piaza, técnico argentino, me enseñó los secretos del arco. Y que decir de Pablo Ansaldo que siempre me decía cosas importantes. Me indicaba que el arquero tiene que ser como el ´matemático que siempre debe estar practicando para no olvidarse´”.
También habla bien de Fernando Maldonado, Héctor Morales, Ignomiriello, Jankco Sancovich e incluso de Carlos ´El colorado´ Campoverde que a pesar de no ser arquero me brindó bueno consejos. “Siempre piensa que toda pelota que va al arco va adentro por lo tanto debe atajarlas todos hasta las que van fuera, me repetía todos los días”.
En cuanto al sobrenombre de ´Gato´ dice que se lo debe a un gran amigo y que en paz descanse el periodista Arístides Castro Rodriguez. “Castro estuvo trabajando como relacionaista público en la Federación Deportiva de El Oro y en sus editoriales del periódico La Tarde me puso ´El Gato´ por la forma de volar de esquina a esquina”.
Barcelona (1973, 1974 y 1982), Carmen Mora (1975), Bonita Banana (1977), Everest (1980), Liga de Portoviejo (1983), Esmeraldas Petrolero (1985), Deportivo Cuenca (1986) y Esmeraldas Petrolero (1987) fueron sus equipos y de cada uno guarda momentos inolvidables.
Es por eso que cuando se le pide que recuerde uno señala ´mejor tres´. El mejor partido fue el día que debuté ante El Nacional. Ellos tenían en sus filas alrededor de 8 jugadores en la selección. En otras palabras un equipazo como Carlos Ron, José Villafuerte, Fabián Paz y Miño, Carlos Torres Garcés, Italo Estupiñán, entre otros. Perdimos el partido 4-0 pero al finalizar me declararon el mejor jugador de la cancha y la revelación del campeonato. Fue uno de los mejores partido de mi carrera, descendimos de categoría pero a partir de ahí ataje todo ese año en la serie B”, narra con una tranquilidad única.
También se acuerda del juego ante Barcelona cuando defendía a Everest. En aquel cotejo dirigió el argentino Óscar Bernat quien le dijo al oído ´no trates de quedarte con la pelota en el piso porque matas el espectáculo´.
Y a nivel de selección dice tener un cúmulo de experiencia como aquella noche que le ganaron a Cruzeiro 2-1. “Fue un partidazo. Gané todas las pelotas pero Lupo Quiñónez me hizo un gol en contra cuando desvió el balón de tiro libre que había cobrado Nelihno. Fue un encuentro donde me salió casi todo”.
Pero sin lugar a dudas Barcelona lo llevó a la cima. Jugó como titular la Copa Libertadores de América en 1982 con jugadores de la talla de FlavioPerlaza, José Él Negro´ Paes, Julio Bardales, Carlos Torres Garcés, Galo ´Mafalda´ Vásquez, Wilson Nieves, Alcides de Oliveira, Paulo César, entre otros.
“Aquel año me di el lujo de dejar en el banco a Juan Domingo Pereira y Ramón Quiroga -al que llamaban ´Chapulín Colorado´-. Lo hice bien y tape toda la Libertadores marcando una etapa muy bonita en mi vida deportiva”.
Edgar González señala que al arquero debe gustarle el puesto. Debe de tener ímpetu, tener un entrenador que lo maneje bien y entrenar personalmente. Además debe de tener condiciones “El puesto es muy complicado. No puedes cometer errores. Los delanteros pueden fallar mil veces pero los arqueros no”, dice con la tranquilidad y experiencia que le ha dado la vida.
Y cuando le piden que se defina señala que fue un arquero volador, arquero espectáculo, con intuición, muy estudioso de los rivales. “Me gustaba ser observador. Estudiaba al rival, su forma de cabecear, la manera de patear los penales o tiros libres. Cada día me esforzaba más, reforzaba mis conocimientos corrigiendo mis errores, observando los partidos que jugaba. Los repetía una y otra vez para ver en qué falle y no volver a repetir esos errores”.
En cuanto a su molde dice que el mismo se rompió y que no salió otro golero como González. “No hay arquero como mi persona. Algo se me asemejaba Jacinto Espinoza cuando recién empezaba pero con el tiempo fue perdiendo su forma de atajar con el pasar de los años a diferencia de Cevallos que es un arquero atajador y tiene buena intuición, ubicación en los espacios reducidos o cortos. ´Tiene buena reacción y eso ha hecho que sea el mejor´.
Édgar también la ofició de técnico en varios equipos con resultados halagadores. Actualmente es dierector de deportes de la escuela de fútbol del Guayaquil Tenis Club en el anexo de Samborondón.
No fue campeón del fútbol ecuatoriano y tampoco tuvo la oportunidad de salir al exterior porque no había mercado y cuando se presentaba la oportunidad los clubes lo querían negociar como si ´vendieran un equipo de fútbol y eso mató las ilusiones´.



Datos
Nombre: Edgar
Apellidos: González Delgado
Estatura: 1. 72
Peso: 182 libras
Padre: Eduardo González (+)
Madre: Juana Delgado
Equipos
1973 Barcelona
1975 Carmen Mora
1977 Bonita Banana
1980 Everest
1982 Barcelona
1983 Liga de Portoviejo
1985 Esmeraldas Petrolero
1986 Deportivo Cuenca
1987 Esmeraldas Petrolero
Selección del Ecuador
1977 hasta 1981 Seleccionado Nacional
Nunca salió campeón
Una alineación: Gonzalez; Altafuya, Cárdenas, Mesías, Alvarado; Campos, Bayona, Pantaleón, Gaster; Espinoza, Escate.

Palo, palo, ´Palito´, palo eh, eh

De cintura ‘endemoniada’. Buen trato con el balón y poseedor de una velocidad fuera de lo común. Son tres características, bien definidas, con las que se puede describir a Luis Alberto Ordóñez Villaba. El famoso ‘Palito’, que en los años 70 y 80 hizo temblar a las defensas más ‘pintadas’ del país y por qué no decirlo, de Sudamérica.
Hoy, alejado del mundanal ruido del fútbol, de la sublime convocatoria a un rectángulo de juego y del olor a linimento, Ordóñez sigue su vida normal. Aquellos años donde se robó los aplausos de propios y extraños, quedaron guardados en el baúl de los recuerdos. Esos momentos idos, que no volverán y que tanta fama le dieron.
Él sigue siendo cortés. No esconde nada y siempre trata de contar lo que vivió cuando vistió de corto. Por eso hace a un lado sus obligaciones como profesor de Cultura Física en el Colegio Espíritu Santo para adentrarse en lo que nunca dejó de ser, futbolista.
Estira su largo brazo para saludar. Agradece la visita y sonríe mostrando sus dientes muy blancos.
“Gracias por acordarse de los pobres”, insiste. Es más se muestra cordial y atento. E incluso dice lo que no tiene que decir.
Cuenta que nació en la ‘tierra prometida’ de donde salen los mejores futbolistas, Esmeraldas. Es más, argumenta que se siente orgulloso de su suelo natal. Pero que su fútbol no nació precisamente en Sandillo –un pequeño lugar de la provincia verde- sino en Guayaquil, porque a los siete años tuvo que trasladarse para realizar sus estudios y formarse en una profesión.
La vida de Ordóñez no fue fácil. Venía de una familia numerosa y aquello complicó a don Luis Ordóñez Villaba y América Segura de Ordóñez (ambos fallecidos), quienes se multiplicaron para darle educación y alimentación a sus 11 hermanos.
Pese a las limitaciones, Luis estudió en la escuela Alberto Avellán y la secundaria la hizo en el desaparecido colegio 5 de Junio.
“Costó el sacrificio y esfuerzo de mis padres, quienes nunca dudaron en inculcarme una formación integral”, dice con nostalgia al pronunciar el nombre de sus ‘viejos’, quienes están seguramente al lado del Creador.
Lo del fútbol ya corría en sus venas. Fue el cuarto entre sus hermanos. De pequeño en vez de pedir biberón, lloraba por una pelota. La misma que llegó y comenzó y cuando la tuvo, empezó a driblar a cuanto rival le salía al paso. Y así fue creciendo, al son de la número cinco.
No pesaba más allá de los 85 kilos y aquello ayudó para su ubicación en el campo de juego: puntero. De esos puntero antiguos. De los que ganaban la raya. Y de los que dejaban pagando a todos los que osaban marcarlo.
El equipo 10 de Agosto de la Federación Deportiva del Guayas fue el primer club en tenerlo en sus filas. Lo cual le sirvió un mundo para pasar inmediatamente a Barcelona. Primero lo hizo en el equipo juvenil y luego lo ascendieron al equipo principal.
“Mi ascenso fue rápido. Inmediatamente ya me estaba rodeando con jugadores de gran nivel. Las prácticas eran muy duras y extenuantes en el ‘viejo’ y recordado Reard Park. Pero como no tenía la oportunidad de ser titular me prestaron primero al Audaz Octubrino y luego al Deportivo Quevedo donde gané experiencia. Además ascendimos a la primera A, en el mejor Quevedo de todos los tiempos”, afirma.
Cuenta que siempre se rodeó de gente honesta y luchadora. Por eso triunfó en el fútbol.
“Crecí en una barriada popular como es la de Carchi y Sedalana. Ellos aplaudían mi progreso y se sentían contentos de mis triunfos como futbolista”, recuerda.
Dice que creció con Rolando Guerrero, Carlos Luis Morales, Jimmy Izquierdo y Jorge Ballesteros. “Todos triunfaron en el fútbol. Fue una gallada enorme y muy chévere”, comenta.
Pero al momento de escoger con quién se entendió mejor en el terreno de juego, dice que si volviera a nacer no duraría en hacer una tripleta con Lupo Quiñónez y Lorenzo Klinger, talvez con Mario Tenorio y Paulo César y qué decir Ermen Benítez y Hamilton Cuvi.
“Con todos ellos me entendía a la perfección. Jugábamos con los ojos cerrados y nos salían las cosas en forma perfecta”, expresa emocionado.
Ordóñez logró cuatro títulos con Barcelona (1980-85-87-89). Insiste en que lo mejor que le dio la vida fue “jugar en Barcelona” y que no le pide más.
“No me dejó plata. En ese entonces no se ganaba como ahora. Fueron tantas cosas juntas. Un sabor único que no lo cambio por nada. Quedé rico en amigos, tuve reconocimientos y formé parte de una institución tan bella como lo es Barcelona”, señala mirando directo a los ojos.
En lo técnico dice sentirse agradecido con Miguel Ángel Brindisi, del cual guarda gratos recuerdos. “Fue un caballero en lo personal y lo más importante era la forma cómo trasmitía todos sus conocimientos”.
Ordóñez vivió, sintió y jugó el Clásico del Astillero en las dos orillas (también jugó en Emelec), pero si le ponen a escoger se queda con el partido que ganaron los amarillos en 1989 en el Monumental con gol del brasileño Magú. “Con Emelec jugué también clásicos pero fueron normales. Como te explico. Fueron partidos que los enfrenté como profesional que fui. Nada más”, aclara.
Obviamente cuenta que dejó gratos amigos en la tienda azul como Enrique Verduga, Vidal Pachito, Raúl Avilés, Urlyn Cangá, David Aparicio, Jesús Cárdenas, Emilio Valencia, entre otros, a quienes los califica como “grandes compañeros”.
Con la selección nacional también guarda gratos recuerdos como cuando fue nombrado el segundo mejor puntero izquierdo en el Campeonato Sudamericano que se jugó en Ecuador.
“El chileno Juan Covarrubia destacó en ese entonces”, manifiesta.
Su carrera futbolística terminó en el Green Cross de Manta. Ahí ‘quemó’ sus últimos cartuchos. Desde entonces mira los ‘toros de lejos’, aunque no oculta que le pican los pies por saltar a un estadio con las gradas llenas y con la efervescencia de un compromiso oficial.
“Fueron otros años, otras épocas muy bonitas por cierto. Ahora no tengo la agilidad de antes y mi contextura no es la misma. Estoy muy gordo. Pero aún sigo dando de qué hablar cuando nos reunimos los ex futbolistas”, manifiesta.
De su mote o sobrenombre no hay mayores respuestas. “Me llamaron ‘Palito’ por mi contextura. Era muy delgado pero aquello me sirvió para el puesto que oficié”.
A Luis Ordóñez se le acabó el recreo y vuelve con sus alumnos. A la continuar con su cátedra de la Cultura Física en el colegio Espíritu Santo donde es profesor por más de ocho años.
Se despide, no sin antes manifestar una perla que le devolvió la sonrisa “no se olviden de los pobres”. Alza su brazo y se despide. Tal como lo hacía con la blusa amarilla luego de una jornada futbolera.


Datos


Nombres: Luis Alberto
Apellidos: Ordónez Segura
Fecha de Nacimiento 19 mayo de 1962
Lugar: Sandillo, Esmeraldas
Padre: Luis Alberto Ordóñez Villalba (+)
América Segura de Ordóñez (+)
Hermanos: 11 (7 varones y 4 mujeres)
Número en la camiseta: 11
Equipos: 10 de Agosto, Barcelona, Emelec, Audaz Octubrino, Deportivo Quevedo, seleccionado nacional
Retiro: Green Cross
Logros: Campeón con Barcelona en 1980-85-87-89 y ascendió con el Deportivo Quevedo a la primera A, en el mejor Quevedo de todos los tiempos
Dirigió varios equipos de segunda categoría
Trabaja en el colegio Espíritu Santo como profesor de Cultura Física desde 2001