Walter Rolando Guerrero Cerezo cuenta que de pequeño su casa siempre contó con un calor especial. Una tibieza de hogar única. Y sin titubear señala que aquella sensación se debió a la bondad y entrega que le brindaron papá Walter y mamá España para con él y sus cuatro hermanos.
Rolo –como también se lo conoce- sigue contando y manifiesta que no vivió lleno de lujos ni glamour pero sí de una riqueza que era la gran unidad familiar que supieron brindar sus padres.
Su niñez y adolescencia fueron normales. “Como todo muchacho que tiene deseos de llegar lejos”.
Y vaya que no se equivocó porque cierto día tomó muy en serio una convocatoria de que hacía Barcelona. Agarró su mochila, unos zapatos arrugados por el tiempo, un viejo buzo y se fue a probar al equipo más importante del país (1979).
“Éramos bastantes pero al final nos quedamos Carlos Luís Morales y yo. Y cuando ello se dio me dije que esto era lo mío y que solo derrotaron lo sacarían de ahí”, dice con una voz gruesa y ronca.
Esa gruesa y ronca voz la incorporó con el pasar del tiempo luego de tanto gritar a sus compañeros para que se ubiquen de la mejor forma en el campo de juego. Atrás, cierra, marca, achica, dale, salimos y otras frases más pasaron hacer familiares en el devenir de Walter Guerrero (Guayaquil, enero 15 de 1964).
De esa forma fue creciendo el arquero de los amarillos. Ganando espacio y consolidándose a tal punto que se convirtió en el número uno.
Corría 1983 y Walter ya era profesional. Atajando como los ´dioses´. Volando de un palo a otro. Aquel juego lo llevó no solo a la titularidad canaria sino a las diferentes selecciones de la provincia y a nivel nacional.
Entonces Guerrero seguía inspirando. Mostrando sus grandes ejecutorias y siendo dueños de todos los aplausos, acaparando las portadas de todos los diarios y recibiendo todos los elogios habidos y por haber.
Pero le llegó la noche -dicen que en la ´casa del pobre la alegría dura poco´-. Y fue así. Rolando Guerrero seguía siendo titular indiscutible. Estamos hablando 1985. Barcelona se encaminaba al título. Había hecho una campaña que rayaba a la perfección. Se había clasificado a la liguilla con anticipación y faltaban dos partidos para terminar esa etapa. “Nos faltaba medirnos ante Esmeraldas Petrolero y Universidad Católica. Carlos Luís era suplente y me pidió que lo dejara tapar esos dos últimos encuentros. ´No seas malo, tú has atajado todo el año…dame un chancecito…por favor. Yo te devuelvo el arco inmediatamente´, me dijo. Y se lo entregué con esa condición. Pero jamás regresé a la titularidad. Por confiado y buena gente me pasó aquello”, dice con resignación.
Pero aquel sinsabor que le otorgó la vida no lo amilanó por el contrario siguió esforzándose y esperando su momento. Y cuando el mismo llegaba no lo desaprovechaba.
“El fútbol me dejó una grata experiencia. Diría yo muy linda. Tengo una esposa muy bella (Ana Flores de Guerrero). Casado hace 24 años. Tres hijos (dos varones y una mujer) y una familia muy estable. Ah, también me dejó gratos amigos que me valoran y respetan”, señala.
Pese a las vicisitudes que le dio la vida manifiesta ser una persona grata con Luis Villagrán, Pablo Ansaldo, Carlos Coello y Washington Muñoz quienes fueron puntales fundamentales para llegar ha ser un excelente cancerbero.
Y que decir de Víctor ´Cepillo´ Peláez que le enseñó los secretos del arco. “Fue algo especial. Peláez no era golero pero el fue quien me enseñó reflejos, ubicación y estar en el lugar y momento adecuado. Con Manga las cosas fueron diferentes y solamente fue un preparador más”.
Guerrero dice que tenía algo de Jean-Marie-Paff y Ubaldo Fillol. “Jean tenía liderazgo, era extrovertido y eso me llamaba la atención mientras que Fillol por lo serio, no era espectacular y eso me identificaba con él”, indica al momento de autoevaluarse.
Walter grita que lo único que le faltó fue consolidarse. “Consolidarme en el arco fue lo que me faltó ya que siempre tuve buenos arqueros atrás de mi. Pero insisto que haber sido demasiado confiado me perjudico”.
Atajo en Barcelona por 11 años (1979 hasta 1990). Luego fue a Corea donde quedó campeón con Tigres de Yundai. También militó en Técnico Universitario y Liga de Quito.
“Lo de Corea fue una bonita experiencia. Imagínate, salir de Ecuador a una cultura diferente que va desde la alimentación hasta el idioma. Por suerte me adapte y llegué logre campeonar”, cuenta.
Luego de su retiro del fútbol pasó preparar arquero en el primer equipo. Ha ayudado en la formación de Giovanny camacho, Wladimir Pino, José Villafuerte, José Francisco Cevallos, entre otros. “El arquero para ser completo necesita competencia y es lo que ha contado Cevallos. Además de la competencia y le favoreció siempre que llegó a buenos equipos”.
El ex arquero canario estudió la primaria en la escuela Adolfo Fassio y la secundaria en el colegio Medardo Ángel Silva. Es egresado de la Facultad de Educación Física, Deportes y Recreación con el título de Tecnólogo Deportivo (entrenador de fútbol) y actualmente está realizando la licenciatura en esta rama.
El ´Rolo´ sigue gozando del aprecio de los dirigentes del cuadro amarillo y es por aquello todos los días sale desde Maldonado y Abel Castillo, donde habita, para ir en busca de nuevos talentos para las filas del ídolo.
martes, 3 de febrero de 2009
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