viernes, 7 de noviembre de 2008

El chupón del fútbol

Recién había cumplido 15 años y le dieron la orden de enfundarse el uniforme amarillo y que se encaminara por el túnel del estadio Olímpico Atahualpa ya que sería titular en Barcelona ante Liga de Quito.
La pantalonera le quedaba gigante y tocaba con la rodilla. La camiseta de igual forma. El número en el dorso se escondía ya que se había metido la remera por dentro. Los polines le llegaban hasta los muslos.
Todo aquello no importó por qué era su debut. Así lo ordenaba el técnico de Barcelona –que en paz descanse- Otto Vieira.
Y saltó el conjunto torero al gramado. Todos pensaban que se trataba de la mascota del equipo pero no fue así. Era Juan Madruñero Montoya que jugaba su primer partido oficial allá en la década de los 70.
El celador del conjunto albo y mejor lateral, en ese momento del país, Ramiro Tobar, se burló de quien tenía que custodiar. Pero sorpresa para él y tranquilidad para Madruñero éste le dio un baile y pese a que perdieron 0-1 a partir de ahí se ganó la titularidad en el conjunto catalán.
Aquel cotejo determinó que el jovencito de cara de niño ocupara los espacios en los diferentes medios de comunicación por su entereza y hombría para jugar un partido de primera categoría.
Con ese fresco recuerdo el “Baby” o “Chupón” Madruñero comienza a describir su paso por la número cinco. La misma que está preñada de gratos recuerdos. Es que fueron 20 años de puro fútbol. 19 con la blusa torera y una con Liga de Portoviejo. Aquel trajinar le otorgó 6 títulos y dos vicecampeonatos con Barcelona.
A nivel de selecciones el cantar fue otro. Por que su jerarquía siempre salía a relucir. Eliminatorias, Copa América y amistosos con el equipo de todos también forma parte de sus recuerdos.
Pero cuando se trata de encaminar la inquietud de cuánto le dejó el fútbol sin inmutarse cuenta que “un millón” pero un millón de amigos ya que de dinero absolutamente nada. “Antes no se ganaba como ahora. Más era por amor por la camiseta. El fútbol lo único que me dejó es un millón de amigos que por suerte son excelentes”, cuenta Juanito –como también lo llaman cariñosamente.

Juan Madruñero es guayaquileño de cepa. De esos que no le gusta el perfume sino la colonia ya que lo hace sentir más varonil. Sigue viviendo por Sedalana y la que cruza. Ahí tiene su gente, su familia, sus hijos y dice sentirse feliz.

Ratifica que el fútbol era "mil veces mejor que el de ahora ya que antes se sudaba la camiseta. Ahora si no hay los verdes no quieren ni entrenar”, dice con soltura. Mientras posa con las manos en la cintura como si le vayan a tomar una grafica como en sus viejos tiempos.

Dice que si jugaba en esta época estuviera millonario. “El sueldo de antes era para vivir nada más. No había lujos ni carros ni casa. Solo para lo necesario. Por eso digo que es imposible de comparar el ayer tanto en lo futbolístico como en lo económico”.

Por eso prefiere hablar de fútbol. Del buen trato con la pelota. De los compañeros de equipo. De los Clásicos. Si de los Clásicos. De esos que se rompían por ganar. “Hubo uno que me marcó para siempre. Perdíamos con Emelec 0-1. Faltaban 20 minutos para que termine el cotejo y me envían al campo de juego. Hice el pase para el primer gol y el segundo lo convertí yo. Entonces era para volverse loco. Ese recuerdo lo tengo presente y es como nunca se haya terminado”, afirma.

Juan sigue contando con la misma estatura de su debut. 1 metro 50. Eso sí, con más peso por el pasar de los años. Pero con la misma sonrisa de siempre para charlar de su juego.

Actualmente cuenta con 55 años a cuesta. Es coordinador de las divisiones menores en Barcelona. Y tiene un negocio propio que controla en su vieja y achacada camioneta blanca. Posee dos teléfonos celulares. Uno es plan y el otro lo activa cuando le pagan la quincena. “Ante no existía estos aparatos pero ahora son necesario”, dice haciendo un alto a la entrevista ya que lo solicitan desde las canchas que el supervisa.


De los compañeros de equipo dice tener un montón y que le daría una pena no nombrarlos por temor a que se vaya a resentir pero entre ellos se encuentran Miguel Ángel Coronel, Víctor Peláez, Luciano Macías, Walter Cárdenas, Vicente Recaro, Washington Muñoz, entre otros, con quien compartió grandes tardes de gloria. “Fueron grandes compañeros, buenos amigos y muy colaboradores dentro y fuera de la cancha”.

Cuando se le habla del técnico que le dio todos sus conocimientos sin dudarlo y con la frente en alto dice Otto Vieira. “Fue el mejor técnico que tuve en mi vida. El me hizo debutar, me enseñó todos los secretos del fútbol y le digo la verdad: fue como mi padre –dice mientras sus ojos se nublan como si quisieran brotar lágrimas-“

A Juan no le disgustaba lo de los apodos. Igual le parecía cariñoso que le digan chupón, enanito, baby, nene. Con su primer sueldo recuerda quele compró unos zapatos a su mamá. “Fue el mejor día de mi vida ver a mi vieja sonreír por el regalo. Ella lo quería y se lo pude comprar”, asegura.

En cuanto al porte dice que nunca le causó problema a pesar de que siempre intentaron aprovecharse de aquello. “Pero yo los burlaba. En otras palabras lo baila y eso que siempre tuve rivales de jerarquía y de talla pero nunca me achiqué”.

Incluso se dio el lujo de conformar una delantera de lujo Alberto Spencer, Pedro León y Manuel Bazurco y Juan Madruñero. Es decir: Cabeza Mágica, Perico, El Cura y Baby una delantera que hizo temblar a propios y extraños.

Luego llegó el retiro. No como el que esperaba pero si en el momento oportuno. Es decir dejó el fútbol antes de que el fútbol lo deje a él.

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