miércoles, 5 de noviembre de 2008

Arquero por convicción, abogado por profesión

De pequeño jugaba y soñaba con ser bombero, policía, abogado, doctor, piloto de avión, y como era de esperarse futbolista. Su ilusión era tan grande que también quería ayudar a su familia. Una familia que tuvo que pasar muchos sinsabores para sobresalir. 11 hermanos (cinco mujeres) más papá Segundo Valencia y mamá Juana Corozo marcaron su numeroso clan.
La necesidad se sentía como tal. No había para la ´papa´ como le llaman en el barrio y cuando le tocaba movilizarse lo hacía en la buseta que pasaba por su casa. Allá en el populoso barrio Cristo del Consuelo. Hablando de vivienda la misma no poseía los recursos necesarios para estar cómodos.
Es por eso que no descansó y trabajó para labrarse su destino. Un destino lleno de satisfacciones, pero antes debió esforzarse día a día.
Cuando era joven, y antes de meterse de lleno al fútbol, laboraba en todo con tal de tener sus propios ingresos, ya que no le gustaba depender de nadie.
Mientras transcurría el tiempo fue tomándole cariño a la ‘redonda’. Era su desayuno, almuerzo y merienda. Un vicio, como él cataloga, sano. De esos que no te llevan al vicio de la calle.
En cuanto a la inclinación como golero, dice que siempre la sintió y estar entre los tres palos era lo más importante que de la vida le había deparado. Por eso se enfundó el buzo de la responsabilidad. “Siempre me gustó ir al arco. Además era el único lugar que no se quedaba sin jugar, por eso me metí de lleno y aprendí sus secretos”, afirma.
Dice que le costó ganarse el puesto. Que tuvo que venir de abajo y luchar palmo a palmo su espacio y que tuvo que morder el banco de suplentes por mucho tiempo, ya que no había la confianza suficiente “en mi tiempo” para ser titular. “Era complicado ser el guardameta estelar. No había una oportunidad para nosotros los ecuatorianos. Los dirigentes y técnicos preferían que el arco estuviera custodiado por un foráneo”, señala.
Pese a aquello siguió motivándose para no perder su ritmo. Sabía que en cualquier momento le llegaba su cuarto de hora. “Fue el mejor momento de mi vida cuando me dijeron que iba a saltar como titular. Era una felicidad mezclada con nerviosismo increíble. Pero lo hice y fue aceptable. Luego y lo más duro fue ganarme el espacio y mi nombre en el fútbol”, expresa.
Valencia es guayaquileño -31 enero 1965- y apareció por la década del 80 en el mundo del fútbol. Fue de la camada de Xavier Baldriz, Colón Navarro, Álex Cevallos, Erwin Ramírez, Jacinto Espinoza, entre otros. Y pese al tiempo y a su retiro de la sublime convocatoria de un silbato, Valencia sigue vigente por su destacada labor como presidente de la Asociación de Futbolista del Ecuador (AFE).
Pero antes de que hable de su actual función prefiere desempolvar sus recuerdos. Sus momentos de entrenamientos, viajes, concentración. De los partidos y sus triunfos. También de sus derrotas. Es que Emilio Valencia no solamente defendió a Emelec sino a otros clubes del país como Barcelona, donde ganó más importancia. Más presencia. “Eso no quiere decir que Emelec no es de respeto, simplemente jugar en Barcelona es otra cosa. Su perfil es muy diferente y su entorno también. Es gratificante haber jugador en los dos equipos más importantes del Ecuador. Para cualquier jugador eso es un lujo y por suerte pude conseguirlo”.
También dio su aporte en Deportivo Cuenca donde logró cosas importantes. “Fueron momentos maravillosos. Estaba maduro en cuanto a lo futbolístico y eso ayudó para un mejor desenvolvimiento. Creo que le pudimos dar la mano a una institución muy noble como la morlaca”.
Filanbanco, El Nacional y Técnico Universitario contaron con sus servicios y es precisamente el último de los equipos nombrados donde logra colgar sus botines.
La historia de Emilio Valencia nunca quedó encerrada en una cancha de fútbol. Por el contrario. Mientras practicaba lo que más le gustaba también se dio el tiempo necesario para estudiar. Aquel esfuerzo tuvo su recompensa cuando se incorporó como Abogado de la República del Ecuador en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Particular Metropolitana.
En ese tiempo e incluso hasta la presente son pocos los futbolistas que consiguen un título universitario, esto provoca hasta cierto punto burla, pero luego te respetan. “Al principio los compañeros, incluso la prensa misma, me decía ‘abogado’ con un tono irónico, pero con el tiempo se dieron cuenta del respeto que merece la profesión y fueron cambiando su manera de pensar. Ahora guardo una relación estupenda con todas las personas que están inmersas en el mundo del fútbol”, dice con orgullo.
Es que Emilio Valencia luego de su retiro fue elegido como presidente de la Asociación de Futbolistas del Ecuador (AFE) y hace contados meses fue reelegido, luego de un trabajo fructífero de cuatro años. “Al principio fue muy duro hacerle entender a los futbolistas la importancia de la entidad. Una vez ganada esa batalla, fue hacerlos respetar en el seno de la Federación Ecuatoriana de Fútbol. Con el tiempo lo conseguimos y hoy tenemos la capacidad de decir que hemos ayudado para que el futbolista tenga el respeto que se merece. No le puedo enumerar las batallas que hemos sorteado, pero son muchas. Y seguiremos en la causa, porque así es este negocio. El beneficio debe ser tanto para el jugador como para el club”.
Así es el ‘abogado del fútbol’, en cuerpo y alma. El que jamás se imaginó llegar tan lejos.

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