De cintura ‘endemoniada’. Buen trato con el balón y poseedor de una velocidad fuera de lo común. Son tres características, bien definidas, con las que se puede describir a Luis Alberto Ordóñez Villaba. El famoso ‘Palito’, que en los años 70 y 80 hizo temblar a las defensas más ‘pintadas’ del país y por qué no decirlo, de Sudamérica.
Hoy, alejado del mundanal ruido del fútbol, de la sublime convocatoria a un rectángulo de juego y del olor a linimento, Ordóñez sigue su vida normal. Aquellos años donde se robó los aplausos de propios y extraños, quedaron guardados en el baúl de los recuerdos. Esos momentos idos, que no volverán y que tanta fama le dieron.
Él sigue siendo cortés. No esconde nada y siempre trata de contar lo que vivió cuando vistió de corto. Por eso hace a un lado sus obligaciones como profesor de Cultura Física en el Colegio Espíritu Santo para adentrarse en lo que nunca dejó de ser, futbolista.
Estira su largo brazo para saludar. Agradece la visita y sonríe mostrando sus dientes muy blancos.
“Gracias por acordarse de los pobres”, insiste. Es más se muestra cordial y atento. E incluso dice lo que no tiene que decir.
Cuenta que nació en la ‘tierra prometida’ de donde salen los mejores futbolistas, Esmeraldas. Es más, argumenta que se siente orgulloso de su suelo natal. Pero que su fútbol no nació precisamente en Sandillo –un pequeño lugar de la provincia verde- sino en Guayaquil, porque a los siete años tuvo que trasladarse para realizar sus estudios y formarse en una profesión.
La vida de Ordóñez no fue fácil. Venía de una familia numerosa y aquello complicó a don Luis Ordóñez Villaba y América Segura de Ordóñez (ambos fallecidos), quienes se multiplicaron para darle educación y alimentación a sus 11 hermanos.
Pese a las limitaciones, Luis estudió en la escuela Alberto Avellán y la secundaria la hizo en el desaparecido colegio 5 de Junio.
“Costó el sacrificio y esfuerzo de mis padres, quienes nunca dudaron en inculcarme una formación integral”, dice con nostalgia al pronunciar el nombre de sus ‘viejos’, quienes están seguramente al lado del Creador.
Lo del fútbol ya corría en sus venas. Fue el cuarto entre sus hermanos. De pequeño en vez de pedir biberón, lloraba por una pelota. La misma que llegó y comenzó y cuando la tuvo, empezó a driblar a cuanto rival le salía al paso. Y así fue creciendo, al son de la número cinco.
No pesaba más allá de los 85 kilos y aquello ayudó para su ubicación en el campo de juego: puntero. De esos puntero antiguos. De los que ganaban la raya. Y de los que dejaban pagando a todos los que osaban marcarlo.
El equipo 10 de Agosto de la Federación Deportiva del Guayas fue el primer club en tenerlo en sus filas. Lo cual le sirvió un mundo para pasar inmediatamente a Barcelona. Primero lo hizo en el equipo juvenil y luego lo ascendieron al equipo principal.
“Mi ascenso fue rápido. Inmediatamente ya me estaba rodeando con jugadores de gran nivel. Las prácticas eran muy duras y extenuantes en el ‘viejo’ y recordado Reard Park. Pero como no tenía la oportunidad de ser titular me prestaron primero al Audaz Octubrino y luego al Deportivo Quevedo donde gané experiencia. Además ascendimos a la primera A, en el mejor Quevedo de todos los tiempos”, afirma.
Cuenta que siempre se rodeó de gente honesta y luchadora. Por eso triunfó en el fútbol.
“Crecí en una barriada popular como es la de Carchi y Sedalana. Ellos aplaudían mi progreso y se sentían contentos de mis triunfos como futbolista”, recuerda.
Dice que creció con Rolando Guerrero, Carlos Luis Morales, Jimmy Izquierdo y Jorge Ballesteros. “Todos triunfaron en el fútbol. Fue una gallada enorme y muy chévere”, comenta.
Pero al momento de escoger con quién se entendió mejor en el terreno de juego, dice que si volviera a nacer no duraría en hacer una tripleta con Lupo Quiñónez y Lorenzo Klinger, talvez con Mario Tenorio y Paulo César y qué decir Ermen Benítez y Hamilton Cuvi.
“Con todos ellos me entendía a la perfección. Jugábamos con los ojos cerrados y nos salían las cosas en forma perfecta”, expresa emocionado.
Ordóñez logró cuatro títulos con Barcelona (1980-85-87-89). Insiste en que lo mejor que le dio la vida fue “jugar en Barcelona” y que no le pide más.
“No me dejó plata. En ese entonces no se ganaba como ahora. Fueron tantas cosas juntas. Un sabor único que no lo cambio por nada. Quedé rico en amigos, tuve reconocimientos y formé parte de una institución tan bella como lo es Barcelona”, señala mirando directo a los ojos.
En lo técnico dice sentirse agradecido con Miguel Ángel Brindisi, del cual guarda gratos recuerdos. “Fue un caballero en lo personal y lo más importante era la forma cómo trasmitía todos sus conocimientos”.
Ordóñez vivió, sintió y jugó el Clásico del Astillero en las dos orillas (también jugó en Emelec), pero si le ponen a escoger se queda con el partido que ganaron los amarillos en 1989 en el Monumental con gol del brasileño Magú. “Con Emelec jugué también clásicos pero fueron normales. Como te explico. Fueron partidos que los enfrenté como profesional que fui. Nada más”, aclara.
Obviamente cuenta que dejó gratos amigos en la tienda azul como Enrique Verduga, Vidal Pachito, Raúl Avilés, Urlyn Cangá, David Aparicio, Jesús Cárdenas, Emilio Valencia, entre otros, a quienes los califica como “grandes compañeros”.
Con la selección nacional también guarda gratos recuerdos como cuando fue nombrado el segundo mejor puntero izquierdo en el Campeonato Sudamericano que se jugó en Ecuador.
“El chileno Juan Covarrubia destacó en ese entonces”, manifiesta.
Su carrera futbolística terminó en el Green Cross de Manta. Ahí ‘quemó’ sus últimos cartuchos. Desde entonces mira los ‘toros de lejos’, aunque no oculta que le pican los pies por saltar a un estadio con las gradas llenas y con la efervescencia de un compromiso oficial.
“Fueron otros años, otras épocas muy bonitas por cierto. Ahora no tengo la agilidad de antes y mi contextura no es la misma. Estoy muy gordo. Pero aún sigo dando de qué hablar cuando nos reunimos los ex futbolistas”, manifiesta.
De su mote o sobrenombre no hay mayores respuestas. “Me llamaron ‘Palito’ por mi contextura. Era muy delgado pero aquello me sirvió para el puesto que oficié”.
A Luis Ordóñez se le acabó el recreo y vuelve con sus alumnos. A la continuar con su cátedra de la Cultura Física en el colegio Espíritu Santo donde es profesor por más de ocho años.
Se despide, no sin antes manifestar una perla que le devolvió la sonrisa “no se olviden de los pobres”. Alza su brazo y se despide. Tal como lo hacía con la blusa amarilla luego de una jornada futbolera.
Datos
Nombres: Luis Alberto
Apellidos: Ordónez Segura
Fecha de Nacimiento 19 mayo de 1962
Lugar: Sandillo, Esmeraldas
Padre: Luis Alberto Ordóñez Villalba (+)
América Segura de Ordóñez (+)
Hermanos: 11 (7 varones y 4 mujeres)
Número en la camiseta: 11
Equipos: 10 de Agosto, Barcelona, Emelec, Audaz Octubrino, Deportivo Quevedo, seleccionado nacional
Retiro: Green Cross
Logros: Campeón con Barcelona en 1980-85-87-89 y ascendió con el Deportivo Quevedo a la primera A, en el mejor Quevedo de todos los tiempos
Dirigió varios equipos de segunda categoría
Trabaja en el colegio Espíritu Santo como profesor de Cultura Física desde 2001
lunes, 20 de octubre de 2008
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