Un trabajo rutinario
Cuidar a una persona de avanzada edad o que haya perdido la razón es uno de los trabajos más comunes en Europa. Además, están los trabajos en los campos, fábricas, los de pasear al perro, ser chofer, servir como mayordomo, albañil, limpiar bodega, niñera, inclusive entra en este grupo la profesión mas vieja del mundo.
Salvo que tengas una suerte extraordinaria ocuparás otro cargo, de lo contrario, tendrás que conformarte con los antes mencionados.
Anita es una agraciada chica. La conocí cuando hacía una llamada a Ecuador. Ella me contó su historia. Llegó a Italia a los 11 años. Una familia ítalo-ecuatoriana la tuvo secuestrada por espacio de cuatros años. No la dejaban salir y le prohibieron que hablara con sus progenitores.
En aquella casa pasó 4 años. Allí tenía que limpiar la vivienda, lavar, cocinar y cuidar a los niños, sin recibir dinero alguno. Durante esos años de martirio, fue creciendo y tuvo la oportunidad de conocer amigos que le abrieron los ojos y la ayudaron para que saliera de donde estaba. Cosa que al final ocurrió.
Anita dice de manera jocosa que ha perdonado a sus secuestradores y que le deja a Dios cualquier rencor. Hoy busca la manera de hacer dinero para enviárselo a su “viejo” y “vieja”, como ella llama a sus padres. No tiene planes de casarse, a pesar de que está locamente enamorada de un marroquí. Actualmente gana 1.200 dólares (unos 1.500 euros). Cuida a un señor ciego, sordo y de avanzada edad. Tiene que asearlo, cuidarlo y velar por su salud.
“Al principio no me gustaba este trabajo, debido a que el señor quería que durmiera con él porque decía que tenia miedo. Yo me opuse rotundamente. Incluso, estuve a punto de dejar el trabajo, pero la hija me pidió que tenga paciencia”, relata con ademanes que adornaban su explicación.
Anita sale los sábados por la tarde e ingresa los domingos por la noche. Viste a la moda italiana y tiene pensado regresar al Ecuador, pero no para quedarse. “Creo que no me voy a acostumbrar en mi país”, dice. Además, agrega: “Tengo pensado traer a mi hermana para que me haga compañía”. Los días de esta criatura pasan volando. Ella tiene formada su película y nadie puede sacarla de esta.
No consulté con él para detallar unas líneas de este personaje que pronto saldrá en escena. Sin embargo, invito a Freddy Calle Suri para que sea parte de esta historia.
Freddy es contador, graduado en el prestigioso colegio Francisco de Orellana. Amigo del amigo. Nos conocimos hace más de 30 años. En la ciudadela Huancavilca, ubicada al sur de la cálida Guayaquil.
Freddy siempre ha sido emprendedor, pese a su limitación física: invalido. Sus piernas son una silla de ruedas y con ella va donde ustedes no tienen ni la mas mínima idea. Hace dos años tomó un avión y se mando a cambiar a Roma, con la ayuda de su hermano Gonzalo que también tiene una historia digna de aplausos.
Freddy –como todos- tuvo que morder muchos sinsabores. Aprender el idioma y, sobre todo, movilizarse por sí solo en una ciudad de más de 15 millones de habitantes y con un tránsito a mil por hora.
Trabaja en una agencia de teléfonos de propiedad de su hermano. Atiende de 09h00 a 21h30 a cientos de turistas de todas las nacionalidades. Actualmente, es un perito en el idioma, telefonía y computación.
Los buses ya lo conocen y se detienen para llevarlo. Él exige que se abra la plataforma para subir su transporte. Si no lo hace, la voz de este ecuatoriano con un idioma italiano perfecto, se hace sentir. El resto es maravilloso, por lo que hace y produce. Un ejemplo digno de imitar.
Tiene pensado volver a Ecuador para diciembre. Espera reunir cierto capital para crear su propia empresa. Pero cuando le pregunté si tenía pensado regresar dijo enfáticamente: “Aquí -en Roma- no me quedo ni loco”.
Como en casa
Si alguna vez me sentí como en casa fue cuando llegué a Casilina 309, en Roma. Ahí se encuentra el local de Ecuatel y sitio de reunión de todos los ecuatorianos que habitan por ese sector. Ellos, después de sus jornadas de trabajo -los que tienen-, acuden al lugar mencionado para contar sus penas y ver caer la noche.
Pero, aparte de eso, este acogedor sitio reúne a un gran sector de la ciudadela Huancavilca. Acá se encuentra Gonzalo, Freddy, Ramiro y Nidia Calle Suri. Patricio Romero, Patricio y Jacinto Argudo, Miguel Zanipatín, Roy y su hijo John. Y claro está quien escribe. Nidia dejó escapar una frase llena de significado para los que estábamos reunidos ese día: “Solo falta el arbolito. Aquel arbolito que nos protegía del sol y la lluvia en nuestro natal Ecuador”.
Gonzalo tiene 18 años por estos lugares. Su esfuerzo ha sido recompensado, pues posee un negocio propio y les da oportunidad a sus hermanos para que trabajen en él. Además, es un maestro en todos los quehaceres del hogar donde da cabida a cuatro ecuatorianos más, convirtiéndose de esa forma en un “capo” -jefe- ecuatoriano.
Una de las virtudes de Gonzalo es que siempre ha estado presto a dar la mano a sus coterráneos que llegan por esos sectores, a pesar de que algunos le han jugado el número “chueco”, como él suele decir.
Su esfuerzo no es de ahora, sino de aquellos días en que tuvo que dormir -en plena Navidad- en la calle. “Pero eso ya está en el manual de los recuerdos”, señala. Tiene compromiso con una compatriota y, según él, no desea retornar a Ecuador. Sin embargo, dice que en cualquier momento agarra sus pertenencias y se manda a cambiar al hogar que está construyendo en uno de los mejores sectores de Guayaquil.
“Ñato” -como se lo conoce- hace de jefe de familia con sus hermanos. Los cuida y ayuda. Además, siempre está pendiente de sus padres, a los que quiere traer de vacaciones.
Ramiro se está labrando su propio destino. Indica que su esfuerzo tendrá su recompensa. A diferencia de su hermano, sueña con regresar a su país como los grandes. Los 10 años que lleva en Italia le han permitido tener su casa propia en Guayaquil, y en los actuales momentos pretende abrir un negocio. Además de estar al servicio de la iglesia, maneja también las cuentas de Ecuatel.
Nidia tiene 4 años y busca hacer lo suyo. Trata de adaptarse al medio y lograr su propósito. Extraña a sus padres y en especial a Diana, su hermana. Hasta la presente no se ha resignado a quedarse, pues “no tengo pensado vivir en este mundo”.
Patricio Romero sueña con comprarse de todo. Adquirió una moto para movilizarse y realizar los dos trabajos que tiene allá. Manifiesta que no regresará a Ecuador hasta lograr su objetivo, mientras tanto, sigue soñando, y está enamorado.
Patricio Argudo se muestra sereno. Él regresaba en contados días a Ecuador. Extrañaba su vida marcada en la bohemia, farándula y el canto, de la que, según sus propias expresiones, no debió haber salido nunca. Lleva 11 años fuera del país. Un accidente lo mantiene en reposo, pero con deseos locos de trabajar y ganar la cantidad que se ha fijado.
Miguel Zanipatín también intenta hacer historia. Maneja un auto último modelo y conoce Italia como la palma de su mano. Su sueño inmediato, además del ahorro que está haciendo, es llevar a su madre a conocer Europa. Para eso trabaja. Está en nuestro país y tiene negocio propio.
Jacinto Argudo está en Francia. Cada quincena regresa a Roma para celebrar su salida. A pesar de ganar bien, no se acostumbra a la vida que lleva y solamente se ha resignado. Indica sin pelos en la lengua que “uno acá lleva una vida de perros. Come como perro y sueña como perro”. Insiste en que en cualquier momento pega la media vuelta. Como efectivamente lo hizo. Ahora tiene su vehículo y le va bien junto con su familia.
Roy y John, padre e hijo. Roy trata de hacer una nueva vida después de la muerte de su esposa -Doris-. Su esfuerzo, poco a poco, va dando los frutos deseados. Mientras que John está en terminando la secundaria y es uno de los más “pinteros” del centro educativo. Domina el italiano a la perfección y es hincha de la Roma, porque “se parece a Barcelona de Guayaquil”, expresa, con su carita ingenua.
Otro de los personajes que también ingresa en este grupo es Rubén Nieto Alvarado. Sus sueños como los de todos los que viajan al extranjero para labrarse un mejor futuro. Trata de ganarse la vida sana y honradamente. Su vida es el “Chino”, su hijo. Por quien vela y protege. Tiene en mente salir adelante con su familia, pero al igual que otros apenas tenga lo suyo pega la media vuelta y dice: “Como dijo el ginecólogo de mi amigo Tyrone, parto sin dolor”. Y así fue. Está con nosotros en Ecuador, en Guayaquil para ser exactos.
miércoles, 7 de enero de 2009
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